Cenizas
21.02.07 @ 09:35:26. Archivado en Religión, Costumbres, Artículos Alberto (AE)
(AE)
Hoy, como cada año, las iglesias católicas por estos lares africanos están llenas desde por la mañana; se ofrecen servicios religiosos especiales a diferentes horas para poder acomodar a todos aquellos ocupados durante la jornada laboral y montones de personas se acercan a recibir la ceniza como pórtico de la cuaresma. Siempre he tenido la impresión que la el significado de las humildes cenizas se entiende en África mucho mejor que en otras latitudes. No hay que invitar a los fieles, todos vienen a someterse al extraño rito de dejar que alguien deposite un poquito de ceniza en la coronilla o la frente. La ceniza es un elemento diario en miles de hogares que no tienen gas o keroseno, tiene por tanto muchos sentidos asociados a su multiplicidad de usos: desde elemento catalizador para que se descomponga y fermente la leche hasta plaguicida natural o pigmento para ornamentar el rostro y el cuerpo en fiestas y celebraciones especiales.
Sin duda, aquí tiene también un sentido escatológico que representa la fugacidad de la vida. No sé cuántas veces he oído de labios de la gente la frase “somos polvo”, que sería la traducción local del castizo “no somos nadie”. Creo que de alguna manera la ceniza nos iguala y nos recuerda que aunque seamos diferentes o tengamos grandes ambiciones al final lo que queda físicamente de nosotros es bien poquito, así que hay que espabilarse y dejar un buen “legado” de afecto y de cariño.
La realidad dura de la vida en África, donde millones de personas malviven o sobreviven en condiciones extremas y con mínimos recursos les hace ser mucho más conscientes de la delicada frontera entre la vida y la muerte. A veces “nimiedades” como una diarrea fuerte o una malaria cerebral pueden suponer -en cuestión de pocas horas- el paso de la lozanía a la agonía, y esta prosaica realidad es algo que está a la vista de todos y algo que se aprende muy pronto. No hay seguridades del mañana, no hay más certeza que la del momento presente... y por eso es importante vivir la vida en su plenitud. Quizá por eso la mentalidad local sea tan reacia a pensar en categorías de planificaciones a largo plazo... es algo que es tan lejano que no se puede tocar y por tanto, si uno no es completamente dueño de lo que está por venir, entonces... ¿para qué preocuparse?
Recuerdo un compañero que estaba encargado de la cocina y de dar instrucciones a la cocinera. Un día habíamos terminado de comer y él se quedó en la cocina para decirle a la cocinera que para la cena preparara las sobras de la comida mas esto y aquello... La cocinera abrió los ojos como platos y exclamó: “Pero ¿es que no os habéis saciado ahora mismo? ¿Cómo es que me puedes hablar de cena y de más comida si acabas de hartarte de comida y no te ha dado tiempo a digerirla?” Le parecía inconcebible que personas con el buche lleno pudieran pensar en lo que iban a comer después de 5 ó 6 horas. Nosotros planeamos, aquí se vive el presente... el resto es tontería o es una ilusión. Quizás toda una lección para una sociedad occidental que parece que vivir en cualquier tiempo (pasado o futuro) menos en el presente.
Tradicionalmente se han lanzado juicios contundentes sobre la desidia y la pasividad africana como males de los cuales el continente no se podrá liberar. Incluso alguien ha llegado a explicar esta situación diciendo que, cuando Dios creó el mundo, al africano le confió el tiempo y al blanco le dio el reloj. El uno lo disfruta, es dueño de él, lo domina y el otro vive agobiado y enfadado bajo la dictadura del minutero. Quizás esta pachorra sea un mecanismo de defensa natural contra la aprensión y el estrés de quien vive dominado por la prisa, la hiperactividad o la bulla.
Aparte de este sentido de transitoriedad de la vida. Desde mi experiencia en Sudán puedo decir que la ceniza tiene un significado más: el del dolor y la destrucción. No sé si han visto entre las mejores fotos del año 2006 (lo pueden encontrar en la foto número 13 de http://www.time.com/time/yip/2006/) una impactante foto procedente Darfur que presenta la silueta que dejó en la hierba seca un cuerpo humano ardiente; allí, en esa hierba quedó la impronta totalmente reconocible de una persona, de dolor y de impunidad. Cenizas que hablan de campos y cabañas quemados, de alacenas saqueadas, de gritos de niños que nadie oirá, de abandono y silencio.
Esto es lo que me ha venido a la cabeza al celebrar este día. Creo que se podría decir de manera casi comercial: “no se trata de añadir días a la vida, sino de añadir vida a los días”. ¿Qué mejor mensaje se podría dar a quien espera poder transformarse y crecer como persona?
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Gracias por tu fidelidad.
Enhorabuena a los dos por el blog.
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JC Rodríguez, A Eisman
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