Mis encuentros con mis hermanos terroristas (IV)
20.12.06 @ 09:15:35. Archivado en Gentes y rostros, Política y Economía, Religión, Costumbres, Artículos José Carlos (JCR)
(JCR)
Después de aquel encuentro en agosto del 2002 en el que nos atacaron y me hirieron, tuvimos un periodo de varios meses de falta de comunicación con
los rebeldes. La violencia no hizo más que aumentar y todo iba de mal en peor. Aceptar los altibajos de un proceso de paz –hasta el punto de creer que todo se viene abajo- es una de las lecciones más duras de aprender.
Como también es duro, durísimo, aceptar convertirse en un chivo expiatorio y absorber el odio, la frustración y los ataques de todos. Es parte de la vocación del mediador.
En enero del 2003 anduve otra vez muy cerquita de la muerte. El arzobispo Odama me mandó a Pajule para enviar algunas cartas a los rebeldes, exhortándolos a retomar el proceso de paz. Al tercer día me respondió uno de sus comandantes, dándome esperanzas de que así lo harían. Y al día siguiente unos doscientos rebeldes atacaron Pajule al atardecer. Mataron a cuatro niños, incendiaron el centro y nos saquearon la misión. Yo me pasé la noche debajo de la cama aguantando el ruido ensordecedor de las balas y los morterazos. Mentiría si dijera que me iba acostumbrando. Al ruido infernal de la guerra no se acostumbra uno nunca. Ni al miedo tampoco.
Pero en febrero los comandantes rebeldes empezaron a mandarnos cartas pidiéndonos otra reunión. El equipo de líderes religiosos me pidieron que fuera con dos jefes tradicionales al nuevo encuentro en la selva, que los rebeldes fijaron para el 1 de marzo (del 2003). Como siempre he tenido más moral que el Alcoyano, dije que sí.
Las entradas en la selva sin ver un alma ya empezaban a convertirse en rutina. A los 15 kilómetros dejamos en coche y en seguida nos salieron dos muchachos con fusiles y walkie-talkies que nos hicieron sentar en el suelo mientras nos vigilaban con expresión dura. Al rato nos ordenaron caminar con ellos. Habríamos recorrido unos tres kilómetros cuando llegamos al campamento rebelde.
Me tranquilicé algo cuando vi a Tabuley, el mismo comandante al que encontré en Julio del 2002 y que nos había liberado a algunos niños. En seguida nos ofrecieron sillas y sacaron una radio transmisora. Nos dijeron que íbamos a hablar con el jefe supremo del LRA, el misterioso y cruel Joseph Kony.
La conversación duró una hora. Empezó en un tono muy duro, desconcertándonos al preguntarnos que a qué habíamos venido y qué queríamos (¿no nos habían llamado ellos?) y que si éramos agentes del gobierno. Cuando se escuchan estas cosas rodeado de treinta jóvenes con fusiles uno se da cuenta de que estamos en las manos de Dios. Al cabo de unos minutos Kony empezó a reírse y a hablarnos cordialmente. Según nos dijo, nos había llamado porque quería declarar una tregua unilateral y nos pedía que transmitiéramos el mensaje al gobierno, y que lo transmitiéramos por la emisora de radio local.
Acabada aquella perorata, nos hicimos fotos con los rebeldes. Uno de sus oficiales, de 23 años, me dijo que se llamaba Moses, había sido secuestrado había seis años y quería que contactara a su madre para decirla que su hijo estaba vivo. No le dio tiempo a decirme dónde encontrarla. Si sus superiores se hubieran dado cuenta podían haberle matado en el acto. Tras regresar al lugar donde habíamos dejado el coche nos despedimos de nuestros escoltas y nos apresuramos a regresar a Gulu para informar al gobierno.
El hermano del presidente, un general llamado Salim Saleh, era entonces el encargado de negociar con los rebeldes en nombre del gobierno y al día siguiente nos recibió cordialmente. Le entregamos un informe con las notas que habíamos tomado durante la reunión y la cinta de casete que habíamos grabado. Aquella noche el general Saleh hablaba por la emisora de radio en Gulu, diciendo que en nombre del gobierno aceptaban la tregua de los rebeldes. A los dos días nos reunimos con el presidente y tras unas horas de tira y afloja él mismo declaró una semana de alto el fuego en una zona limitada para facilitar poscontactos de paz.
Fue uno de los mayores momentos de alegría vividos durante aquellos años, pero como la experiencia nos mostraría muchas veces, esos momentos de euforia duraban poco y daban paso a muchos meses de pesimismo y frustración. Al final, la tregua duró un mes, nadie la respetó puesto que los ataques se sucedieron casi a diario, y los rebeldes aprovecharon el respiro que les dio el gobierno para rearmarse y reorganizarse. Este es uno de los riesgos que uno se encuentra siempre en cualquier proceso de paz. Y es que el ser humano es el mismo en todas partes, y al final si negocia la paz suele ser más por presión que por convicción (¿acaso el hijo pródigo no volvió a casa de su padre por presión?), y cuando puede se aprovecha de la buena voluntad de otros.
Pero ocurrió entonces algo que no esperábamos. En esas idas y venidas al bosque algunos jóvenes guerrilleros aprovecharon para dejar las filas rebeldes y entregar las armas. Moses también lo hizo. Su madre –viuda y sin ningún otro hijo- estaba a punto de morir, afectada de una dolencia cardiaca, y cuando Moses volvió a casa ella volvió a vivir y sanó. A muchos de ellos intentamos ayudarlos con estudios o algo de capital para empezar algún pequeño negocio.
Pero parece que el que busca la paz se atrae la guerra a su casa, y al poco tiempo Kony dio órdenes de matarnos, porque, según decía, le robábamos a sus soldados.
Empecé entonces un periodo agotador de cambiar de sitio para dormir. Creo que estuve así seis meses. Todos los días, al atardecer, me dolían los hombros de la tensión pensando en lo que podía ocurrir durante la noche, cuando muy a menudo atacaban los rebeldes. Pasaría más de un año hasta que consiguiéramos desbloquear la situación e intentar otra nueva negociación, pero esto se lo contaré en la próxima entrega.
Por hoy, sólo me queda decirles que todavía hoy, tres años después, cuando se pone el sol, me siguen doliendo los hombros.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/62687
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Aún no hay Comentarios/Trackbacks/Pingbacks para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
JC Rodríguez, A Eisman
autor
Contacto








