(AE)
Se ha sancionado hoy el Real Decreto-Ley 26/2012 que reduce el acceso a la sanidad pública de aquellos emigrantes que no tengan papeles. Otros lo llaman el apartheid sanitario. Durante los últimos años, cuando la gente de África me ha preguntado por mi país, siempre he dicho con orgullo que uno de sus mayores logros era el hecho de que, aunque uno estuviera en situación irregular y enfermaba, el estado no te iban a dejar que te murieras en la recepción de un hospital. Me parecía que era una de las mejores cosas que teníamos en mi país y lo contaba con orgullos, como quien se cuelga una medalla y ensancha el pecho. Ahora ya eso no va a pasar.
Soy el primero que reconoce que había que meter la tijera por muchos sitios de nuestro incoherente y mastodóntico estado con las inútiles multiplicaciones de competencias que hay en los diversos niveles de poder nacional, autonómico y local. Reconozco también que la herencia que han recibido de la última administración ha sido infame y que había que hacer algo para atajar tanto desatino.
(JCR)
En vísperas de otro viaje que me llevará dentro de pocos días a África, vuelvo de Roma después de pasar allí apenas 24 horas por motivos de trabajo. Tras dos reuniones con el obispo de Goma (R D Congo) monseñor Théophile Kaboy y el hermano Jean Mbeshi, asistente
general para África de los hermanos de la Caridad, intentamos dejar encarrilada una proposición de proyecto que contempla la construcción de un centro de formación profesional para personas discapacitadas en Goma, la capital del Kivu Norte, una castigada región que desde hace pocas semanas sufre de nuevo los embates de la enésima rebelión que no deja en paz a sus habitantes. Prisas, más documentos y trabajo contra-reloj. Un trozo de pizza recalentada tomado de pie y a la carrera antes de ir a dormir ha sido mi única concesión a los placeres romanos. Todo sea por los 18.000 discapacitados que malviven en las calles y barriadas de la ciudad que contempla el volcán Nyaragongo.
(JCR)“Yaya, iríi maber?” Siento una gran alegría cada vez que mi niño de tres años saluda así a su abuela ugandesa cuando hablamos con ella por teléfono. Cuando, el año pasado, estuvo en nuestra casa de tres meses en Madrid le contaba cuentos en su lengua alur antes de acostarse y nuestro hijo –y su hermana de casi dos años- está creciendo escuchando tres lenguas en casa. Conozco muchos ugandeses en Londres y una de las cosas que me da más pena es ver cómo, por circunstancias muy comprensibles, sus hijos nacidos en el Reino Unido pierden la lengua materna de sus padres. Al mismo tiempo que aprenden el español y el inglés, no me gustaría que nuestros hijos se sintieran unos extraños cuando vayan al país de su madre y no pudioeran comunicarse con sus primos. El que aprendan al menos algo de la lengua alur es también una cuestión de que se sientan orgullosos de sus raíces.
(JCR)
Hace apenas dos o tres años África alcanzó su punto más bajo de conflictos armados desde el tiempo de las independencias. Había entonces una gran esperanza en que el continente que ha sufrido más guerras durante las últimas cuatro décadas llegaba
finalmente a una situación prometedora de paz. Conflictos muy largos y complicados como los de Angola, Mozambique, Chad, Sudán, Norte de Uganda, Liberia, Sierra Leona, Burundi y otros se daban por terminados e incluso algunos de estos países emprendían una senda de estabilidad y desarrollo, con altas tasas de crecimiento económico. Pero desde el año pasado la situación empeora y hoy parece que el mapa de África vuelve a estar lleno de puntos rojos de conflicto.
(JCR)
Conozco un cura ugandés que en el año 2004 vivió durante algunos días el mayor temor de su vida: perder las manos. El padre John Peter Olum, de la diócesis de Gulu, fue uno de los muchos miembros de aquella Iglesia que entre los años 1986 y 2007 vivió en su propia carne
los sufrimientos causados por la guerra entre los rebeldes del Ejército de Resistencia del Señor (LRA, en inglés) y lo soldados gubernamentales. Hoy, el domingo del Buen Pastor en el que la Iglesia recuerda las vocaciones de los países llamados de misión, merece la pena relatar su testimonio que yo viví muy de cerca.
(JCR)
¿Les suena a ustedes el nombre de Manuel Iradier? Hasta hace pocos días a mí tampoco me decía nada hasta que tuve la suerte de leer el extraordinario libro “Apuntes de la Guinea. Vida, obra y memoria de Manuel Iradier y Bulfi”, del periodista e historiador
Miguel Gutiérrez Garitano. Se trata del primer explorador español que puso el pie en lo que hoy es Guinea Ecuatorial. En España hay grandes personajes históricos relacionados con África, pero en nuestro país apenas son conocidos, fuera del círculo de los pocos africanistas españoles. Hace poco estuve en Vitoria y durante mi primer paseo por la ciudad busqué su estatua en el parque de la Florida hasta que di con ella.
(AE)
Este era el lacónico y provocador mensaje que estaba escrito en uno de los carteles que un grupo de mujeres en sujetador blandían enfrente de un grupo de policías. Las manifestantes protestaban así contra la
brutalidad de la policía ugandesa que se ha hecho evidente una vez más en un video que se ha mostrado tanto en la televisión y cuya secuencia de fotos ha sido también publicada en uno rotativo nacionales. En estas imágenes se ve cómo un policía en su armadura anti-disturbios intenta sacar a Ingrid Turinawe, una activista de la oposición, que se encontraba en su vehículo y lo hace exprimiendo brutalmente uno de sus pechos. Por si fuera poco ese tratamiento, poco después fue arrestada por la policía y acusada de algunas faltas menores.
(JCR)
Conozco a Aminata desde hace tres años. Ella y su marido llegaron de Malí hace cinco y tras unos años esperanzadores en los que consiguieron trabajo y sus papeles de residencia hace dos años se quedaron sin empleo y actualmente sobreviven como pueden. A esto se añade que ella
es diabética y tiene que inyectarse insulina tres veces al día. Con las nuevas reformas anunciadas para la sanidad pública en nuestro país pende sobre ella la espada de Damocles de la incertidumbre de si podrá seguir recibiendo la medicación que la mantiene con vida en el momento en que se queden en situación irregular. Hay cientos de miles de inmigrantes que pueden verse afectados por estas nuevas medidas.
(JCR) “La paz es cuando un hombre sólo tiene miedo de las serpientes”. Esto escuché hace varios años de labios de un anciano del Norte de Uganda en uno de los campos donde durante muchos años malvivieron dos millones de personas como desplazados. Cuando la guerra concluyó, en 2007, e incluso años antes, la gente hizo esfuerzos por superar dos décadas de guerra con rituales de reconciliación y perdonando a los rebeldes que eligieron dejar las armas y reintegrarse a la vida civil. Estas y otras experiencias las he plasmado en el número de abril de la revista Imágenes de la Fe (editada por PPC) que lleva por título “Por una cultura de paz”, que combina contenidos teóricos con multitud de ejemplos prácticos. Servidor de ustedes es el autor.
(JCR)
Estimado señor rey:
No tengo por costumbre en este blog sobre África escribir sobre temas de los que ya habla todo el mundo, pero en esta ocasión no tengo más remedio que ponerme a teclear sobre el asunto de su cacería. Lo hago impulsado por mi niño de tres años, que desde el pasado viernes no hace más que preguntarme por qué a su majestad le gusta matar elefantes, y ya sabe usted que cuando
un niño de esa edad se pone a hace preguntas no hay quien le pare. Mi niño está acostumbrado a ver a su papá ir a África con bastante frecuencia, aunque por otros motivos, por lo que él asocia los viajes a este continente con ir a “ayudar a los niños del Tondo” (perdone, pero es que tiene aún dificultad para pronunciar la “C” y la “G”), por eso le sorprende que alguien importante como usted vaya allí abajo a matar elefantes, con lo que a él le gustan, sobre todo desde que los vio de cerca en Uganda, el país de su mamá, como podrá usted apreciar en la foto.
(AE)
Creo que para los que sigan este blog no les cabrá duda alguna de cuántas veces hemos sacado a colación la gran labor que la Iglesia y los religiosos hacen por las personas más necesitadas de este continente africano. Son muchos, muchísimos, los que se dejan la piel a diario en las labores más arriesgadas y meritorias y hemos dejado constancia de ello en muchos posts. Sin embargo, hoy quizás sería de justicia hablar de un aspecto que a veces por caridad apenas se toca pero que está ahí y hay que mencionarlo porque forma parte integral de la realidad que nos rodea. Me lo ponen a huevo las portadas digitales de los diarios españoles de estos últimos días cuando presentan a una anciana religiosaSor María Gómez, de las Hermanas de la Caridad, presuntamente implicada en un robo de bebés, especialmente nacidos a madres solteras o que tenían ya abundante descendencia.
(AE)
Se hablaba en este blog recientemente de nazarenos, verónicas y crucificados que uno se encuentra en este mundo africano. Es cierto, en pocos sitios se nota tanto el drama y la tragedia del Viernes Santo como aquí. Sin embargo, la otra cara de la moneda es el hecho que de África es un pueblo (ya
sabemos que África no es un país y mucho menos un pueblo, pero me entienden lo que quiero decir) que también vive a flor de piel no sólo los misterios de la muerte y el sufrimiento, sino los de la resistencia, la vitalidad y el aguante ante las adversidades. Esas son las gentes que me hacen creer en el poder de la Vida porque muestran la fortaleza del espíritu humano.
Domingo, 20 de mayo
Josep Maria Tarragona
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis
Angel Moreno
José Manuel Bernal
Movimiento Rural Cristiano
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo