Si no puede, deje aquí a su hijo.
20.12.06 @ 10:58:23. Archivado en Sociedad, Internacional
Supongo que será de noche cuando X vaya a dejar a su bebé, mirará a todos lados y lo dejará cuando no haya nadie. Conoce esa sensación de miedo, de hacerlo con cuidado para no ser descubierta, pero no con la intensidad con la que la está viviendo ahora. Una cosa es salir de una tienda con los bolsillos llenos y echar la vista a un lado para no cruzarla con la del dependiente, y otra que alguien te vea abandonar a tu hijo en una cabina expresamente instalada para esto. Y reitero: “supongo”, pues me cuesta muchísimo imaginar cómo deshacerse de alguien a quien acabas de parir.
Sin embargo, y por extraño que parezca, no estoy inventando nuevas maneras para facilitar adopciones. Simplemente me baso en una noticia que leo y me deja petrificado a la pantalla del ordenador: el Policlínico Casilino de Roma ha instalado en uno de los barrios periféricos más pobres de la ciudad una cabina donde las madres, en absoluto anonimato, tienen la posibilidad de dejar al hijo del que no pueden responsabilizarse. Los numerosos abandonos de bebés en contenedores de basura o cunetas, muchos encontrados ya muertos, han hecho que los responsables de neonatología de dicho centro inventen esta alternativa. Mucho mejor que el despiadado trámite al que tantísimo cuesta enfrentarse de yo, con documento número tal, nacida en tal sitio y firme aquí, señora, dejo a mi hijo en adopción, con el posterior miedo de que años después, con la mayoría de edad en el carné (o sin ella), mueva medio mundo para dar conmigo.
No sé con cuántos impedimentos se encuentra alguien en el caso de querer descubrir quién le trajo verdaderamente al mundo. Habrá mil trabas legales, por supuesto, pero es cierto que la curiosidad, potentísima, abre bastantes puertas y desarrolla caminos alternos. De hecho, en las hijos adoptados siempre están esas ganas, tan lógicas, de preguntarle a esa persona, llámala o no, siéntela o no como madre, por qué. Es más, cuando se adopta los psicólogos recomiendan a los nuevos progenitores recordarle e insistirle en que, paralelamente al abandono, alguien les eligió, que son especiales. La idea del desamor de los padres, el primero y mucho más potente que cualquiera en la adolescencia, martillea para siempre en la cabeza.
Junto a la puerta de la cabina romana dejabebés, se lee en seis idiomas “No lo abandones, confíanoslo a nosotros”. En el momento en el que X deposite al niño en la cuna, dos sensores, uno de calor y otro de peso, harán saltar la alarma del servicio de urgencias del hospital. Una videocámara, que sólo enfoca la cuna, ratificará a una enfermera que hay un bebé y un médico acudirá a recogerlo para llevarlo al centro. Escribo todos los verbos en futuro porque aún nadie hizo uso, pero éste es el trámite marcado. Mientras tanto, los vecinos giran la cabeza horrorizados al verlo. La idea es espeluznante porque nos enfrenta de una manera bestial con la vida. Sobre todo porque su objetivo es salvarla.
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Eduardo Durán
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