Felices Fiestas
07.12.06 @ 15:47:54. Archivado en Sociedad
Ayer por la tarde pasé un buen rato acordándome de Javier Marías y, lo peor de todo, es que no era por leer un libro suyo. No. Fue por los artículos que siempre publica en fechas navideñas o semanasanteras en los que, como un buen Scrooge, llueva, truene o haga sol, protesta por todas las celebraciones habidas y por haber que se arremolinan alrededor de su casa: en la Plaza Mayor. Y es que ayer tarde (festivo, uno de los más largos puentes del año y Madrid, esa ciudad maravillosa para vivir en agosto) no tuve otra brillante idea que ir a Ópera a devolver un DVD al videoclub. No había otra hora… y, además, ya es Navidad. Gente, gente y más gente; padres con carritos por los márgenes de la Gran Vía sin dejarte pasar y jugándose la vida y la de sus hijos; colapsos por las maravillosas obras de Ruiz-Socavón; familias enteras con horribles pelucas de colores que se compraron todos en un puesto; panderetas; árboles; globos; Cortilandia como te despistes y pases por el lado de esos omnipresentes grandes almacenes… y puedo seguir describiendo pero no quiero sentir escalofríos pensando en todo lo que se viene encima de lucecitas e impostada alegría.
Pero lo peor de la Navidad no es todo esto; ni que haya más gente a la que entristezca que a la que ponga alegres; ni compartir por una noche mesa con unos tíos o unos primos que, seamos honestos, te la traen al pairo y de los que ni te acuerdas en los restantes trescientos sesenta y cuatro días; ni las vueltas en un centro comercial devanándote los sesos para saber qué regalarle a tus abuelas (yo tengo ya cubierto el cupo de pañuelos, botes de colonia y marcos de foto, con lo que a ver qué se me ocurre este año); ni las cenas de empresa con esos compañeros que te esquivan el saludo cuando te ven en el ascensor; ni el dichoso amigo invisible que haces con tu pandilla y en el que siempre te toca el más raro de todos (o un tío/tía que te mola, lo cual es peor: querrás impresionarle); ni el traje de Nochevieja que ya no te queda bien y al que, si eres adolescente, tu madre tiene que alargarle los bajos; ni la cola de media hora para coger una copa en el cotillón; ni el acompasado ritmo al comer las uvas para no atragantarte… No, lo peor de todo es que de las Navidades no puede huirse, ni aunque tengas una cuenta corriente holgadísima y te vayas a pasarlas a Turkmenistán con la excusa de conocer nuevas culturas. Sí o sí tendremos que padecerlas porque, además, seguro que nuestra compañía de telefonía móvil se preocupa de que en Turkmenistán recibamos esos impersonales SMS en cadena y quedemos de maleducados al no responder. Así que como no hay escapatoria, muchas muchísimas felicidades en este mes de Navidad que aún nos queda.
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Eduardo Durán
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