El titular del miedo.
04.12.06 @ 10:15:24. Archivado en Estrenos, Televisión
Domingo pre-navideño. Mientras espero en la cola de un colapsado H&M para devolver un jersey de lana que dice en la etiqueta “wash machine” y que, después de hacer lo propio, se ha quedado en la mitad, una mujer con un nene de quince meses al que llevo un rato poniendo caras me pregunta si yo también tengo uno.
- ¡Qué va! Si nada más que tengo veinticinco años…
- ¡Pues una edad muy buena para tener un niño!
- Si casi no puedo pagar el alquiler, ¿cómo voy a tener un niño?
- ¡Es verdad…! ¡Qué carísima está la vivienda!
Le asiento y, como no tengo ganas de meterme en otra manida conversación acerca de la burbuja inmobiliaria, cierro el pico y miro al crío que me presta cada vez menos atención. A los quince meses, pienso, un niño es un cúmulo de promesas que a saber en qué terminarán. Desde un posible astronauta hasta presidente del gobierno, pasando por charcutero, albañil o vidente. O quizá no, puede que todo ya esté marcado en alguna parte y, sin saber cómo, un niño en un pueblo perdido de La Mancha termina siendo de la manera más natural del mundo un director de cine importantísimo. Con lo que si éste que corretea por aquí cerca no es ahora mismo mil posibles y potenciales cosas, sí que es un montón de interrogantes que aún tardarán en responderse.
Le doy vueltas a todo esto después de que mi cola no avance y haya leído esta misma mañana un terrorífico titular en la sección de ¡¡¡Cultura!!! de la edición digital de El Mundo: España sólo logra la cuarta plaza en el Festival Junior de Eurovisión. Y probablemente no me hubiera detenido a leer el artículo de no incluir ese adverbio: “sólo”. No tengo ni idea de cuántos países participan en este ridículo circo, pero no creo que un cuarto puesto merezca ese “sólo” que le dedica el periodista y que lo único que consigue es hundir a los nenes en la miseria de “sólo” haber logrado una cuarta posición. Piensen en el Joselito espinillado al que mandaron este año a representarnos. ¿Hasta dónde bajaría su autoestima después de leerlo?
No sé si ustedes han visto Pequeña Miss Sunshine, una película ahora en cartel sobre el viaje que una familia estadounidense hace en su furgoneta amarilla al condado de Sunshine para que su hija gordita de nueve años se presente al certamen de Pequeña Miss. Personalmente, y pese al aluvión de buenas críticas que está recibiendo, no deja de parecerme una comedieta sin más. Sin embargo, una secuencia consiguió ponerme los pelos de punta: el backstage del concurso. Niñas maquilladas como puertas, entaconadas, llevando trajes ceñidísimos que aún no pueden marcar nada, espejos rodeados de bombillas que reflejan rostros infantiles ilusionados por algo que no se sabe muy bien qué es, y, sobre todo, padres desesperados porque sus hijas ganen y sometiéndolas ya a un juego de adultos bastante triste en el que sólo les preocupa algo tan banal como la fama.
Por esto, ese “sólo” da miedo. Además, ¿desde cuándo algo como Eurovisión, Eurojunior, o como narices se llame, es “cultura”? ¿No le faltaría el prefijo “sub”? Más que orgullo, ganarlo como ya lo hizo este país hace unos años con una letra de mensaje tan frívolo y chabacano como Antes muerta que sencilla es bastante vergonzoso. Pero puede ser aún más y peor. ¿Qué adulta puede salir de una niña como Maria Isabel? ¿Quién la alentó para que aflorara su siniestro “don”? Y acordándome otra vez de los padres de Miss Sunshine y sus competidoras que responden a mi pregunta, me olvido del crío que no sé dónde se han metido ni qué será de él, y llego por fin a la caja.
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Eduardo Durán
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