La marginalidad del pene.
27.11.06 @ 10:45:47. Archivado en Televisión
Enciendo la tele y me enfado. Y, encima, me enfado de enfadarme aunque debería estar acostumbrado. El problema es que esta vez no es por el Tomate, Patricia, ni ninguno de sus ruines secuaces. En esta ocasión es viendo D-calle, el nuevo magacín nocturno de Cayetana Guillén-Cuervo en La 2. Un espacio presentado por una mujer, donde todas las contertulias son mujeres e, incluso, el grupo musical que les acompaña, Pauline en la playa, está formado por dos mujeres. Y lo que me cabrea no es este compendio femenino, no. Lo que me sofoca es la intención de excluirnos a los hombres tan premeditadamente. La propaganda, además de basarse en esto, dice que el espacio tiene mucho humor, un punto canalla y mucho carmín.
Verán ustedes, nací en 1981; estudié, en palabras de las abuelas, hasta el final (de hecho, sigo estudiando) y, como la gran mayoría de los de mi edad, estoy en un titubeo laboral dando mis primeros pasos serios en este mundo. Por suerte, en mi genereación, a diferencia de las anteriores, mis contemporáneas están tan incorporadas a las aulas y al trabajo como cualquier hombre. Insisto en que es un contexto determinado, que en otros más bajos es diferente (está estadísticamente demostrado que la violencia de género suele darse en gente de menor formación), que para una cajera o para una limpiadora no será igual y tengo más que claro que para nuestras madres, tías o primas mayores seguro que fue distinto. Es más, esta desigualdad es la que mantiene aún en los altos cargos siempre a los hombres. Sin embargo, la esperanza más sensata es que con el tiempo estos escalones desaparezcan y cuando estos señores se jubilen todos tengamos las mismas oportunidades de optar a esos puestos; que sea impensable un gobierno que provoque la paridad porque ésta se da (o no) por sí sola; que se borre ese horroroso término llamado "discriminación postiva", y que no sea un extra añadido a la noticia que Bachelet, Merkel o la emergente Royal, aparte de ganar unas elecciones, son mujeres.
Por todo esto, cuando me topo con un programa como D-calle, además de sentirme excluido, me enervo. Cualquier paso en contra de la igualdad entre sexos es un retroceso espantoso. Habría que cronometrar cuánto tardaría un grupo de feministas (con razones de sobra, además) en levantar el hacha de guerra a un espacio hecho en un medio público que presumiera de estar presentado por un hombre, sólo con contertulios hombres, acompañados por un grupo musical de un par de hombres y que destilara mucho humor, un punto canalla y una buena dosis de after shave. ¿Tendría algún sentido? Tan poco como una idea como ésta que lo único que hace es afianzar clichés, sacar un feminismo directamente proporcional al machismo contra el que hay que luchar, y darle la vuelta a la tortilla de un modo tan absurdo que yo termino preguntándome lo mismo, pero al reves, que queremos que las mujeres dejen de preguntarse: ¿por qué se me margina sólo por tener pene?
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/58271
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Aún no hay Comentarios/Trackbacks/Pingbacks para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Eduardo Durán
autor
Contacto








