10.11.08 @ 11:51:08. Archivado en Familia, Valores
En el ámbito de la enseñanza, y sobre todo durante la infancia, uno de los medios didácticos más empleados es el cuento, por la sencillez de su trama y por la moraleja que lleva implícita. Como también muchos adultos son partidarios de este medio, os ofrezco en esta ocasión el cuento de El Reino de la fraternidad.
Había un país en el que sus habitantes se sentían esclavos por los malos tratos que recibían, allí dragones y malas bestias imponían su autoridad, hasta que un buen día se hizo con el poder un rey, que de forma milagrosa los libró de tan malas artes.
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15.07.08 @ 22:24:30. Archivado en Familia, Valores
La sabiduría popular dice que un amigo es como un tesoro que se debe custodiar para no perderlo. Qué afortunados se pueden considerar quienes son ricos en amigos. La experiencia nos dice que es difícil poder almacenar grandes dosis de amistad en este mundo, en el que el hombre vive recluido en sí mismo, ya que su consecución se debe a un proceso de relaciones en el que entran en juego las diversas actitudes y caracteres de las personas más cercanas a nosotros. Para conseguir alta cota de amistad, antes hemos de purificar nuestras propias vivencias del entorno en que vivimos y nos movemos, como el oro se purifica en el crisol.
Hay quien afirma gozar de muchas y buenas amistades, aunque conviene puntualizar que no es lo mismo estar dotado de un carácter extrovertido y fácil para la convivencia, que disponer de amigos, a los que puedas considerar tus confidentes y abrirles tu corazón con total confianza y seguridad.
La amistad se fragua en un cúmulo de relaciones sociales que terminan por ocupar la intimidad de nuestro corazón; llegan a convertirse en el asidero en el que te apoyas para actuar en situaciones y momentos extraordinarios. Se puede decir que se trata de una relación entre dos personas, en la que de forma recíproca no sólo se dan y reciben consejos, sino que se busca apoyo en ocasiones de crisis. El amigo es el otro parecido a ti en tu interior, en el que hallas la comprensión y el aliento, con la certeza de que vuestro secreto jamás será revelado. Sin mirar en el diccionario, el sentido común nos dice que la palabra amigo incluye para el otro acepciones tales como, confianza, seguridad, comprensión, sinceridad, ayuda, intimidad, sacrificio, …
Cuando un amigo se va, nos deja un vacío en el alma; consigo se lleva parte de nosotros, aquello que estaba muy guardado en lo más recóndito del corazón; aquello que se compartía de forma recíproca y nos hacía crecer tanto en momentos de crisis como de esplendor. Consigo se lleva secretos que jamás se revelarán, si no es por vía de la fragilidad de quienes se quedan aquí.
Que el amigo se nos vaya no significa que lo hayamos perdido para siempre. Los de aquí sufrimos su separación y seguimos en este mundo, mediatizados por las cosas de aquí, viviendo una vida de imperfección, reflejada en las debilidades corporales y psíquicas (goteras de la vida) que se van adueñando de nuestro ser en su caminar hacia el ocaso. El que se va, por el contrario, ha superado ya el estadio vital de imperfección que se vive aquí, para entrar en otro de total bienestar, desde el que seguirá dando vida a los secretos y encauzará nuestros deseos de felicidad terrena.
José Antonio (Toñín), tú has cultivado, como pocos, el arte de la amistad. Has formado parte de nuestra historia y has enriquecido nuestro grupo de amigos con tu sentido del sacrificio, de la disponibilidad y de la entrega, porque no sólo compartiste con nosotros la mesa en tiempos de ocio, sino que cultivaste otros valores, que nacieron en el seno de nuestras familias cristianas, mientras correteábamos de niños por el Barrio. Practicaste con maestría en la convivencia del día a día, valores como, la honradez, la buena vecindad, la laboriosidad, el amor a las personas y a nuestro pueblo. Fuiste para las gentes de los pueblos de nuestro entorno ejemplo y paladín del alma de Salas pero, sobre todo, compartiste con nosotros el sentido de la trascendencia de la vida, creyendo en el Dios de Jesús de Nazaret: el Padre del Hijo Pródigo.
Que desde la nueva estancia que estás ocupando en la presencia del Padre seas un fiel intercesor por los tuyos y mantengamos, actualizados, los lazos espirituales que a lo largo de la vida fuimos cultivando
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Vivimos en una sociedad cambiante en la que hasta los principios que considerábamos intangibles varios lustros atrás son poco duraderos en el tiempo, provocando en la gente situación de inquietud y de tensión. Vamos comprobando día a día cómo los telediarios se convierten en espacios de sucesos en los que el rosario de catástrofes, muertes o maltratos de parejas, de robos, … conforman un ambiente de inseguridad ciudadana. Da la sensación de que los medios informativos se dedicaran a airear los trapos sucios de la sociedad, silenciando otras muchas iniciativas que, por el contrario, van mejorando nuestras expectativas.
Es cierto que el ajetreo laboral y social que vivimos repercute de forma directa en el seno de la familia, unidad básica de convivencia. Este fenómeno, unido a los vaivenes de la convivencia familiar, puede promover situaciones de tensión, acentuadas por determinadas actitudes de los hijos, llegando a fomentar la propensión de choques y tensiones en la pareja, por mucho amor y atenciones que ambos se profesen. Sería bueno, para evitar estos desequilibrios, que en la pareja se multiplicasen las dosis mutuas de respeto, tolerancia y confianza que entre ellos se deben prodigar.
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Es del sentir general que, desde hace ya varios lustros, la educación de nuestros niños y jóvenes se está deteriorando. El grupo de los docentes, sean del signo que sean, denuncia este deterioro en el interior de las aulas, aunque gran parte de la sociedad les culpe de ser ellos los principales causantes de esta realidad. La familia, que desde siempre ha sido primera responsable de la educación de los hijos, también sufre del principio de falta de autoridad y se encuentra en ocasiones sin saber cómo actuar ante actitudes difíciles de sus hijos (cuando los hijos demandan nuevas atribuciones, aduciendo que sus compañeros ya las han conseguido, por ejemplo, llegar a casa a tal o cual hora). Asimismo son vox pópuli comentarios de unos y otros sobre la falta de valores cívicos, éticos y morales de los jóvenes, por el vocabulario que emplean o por ciertos comportamientos que manifiestan.
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Aquella noche, antes de ir a la cama, se nos advirtió que debíamos acostarnos pronto por la jornada especial que nos esperaría al día siguiente En nuestro pueblo casi nunca tenía cabida la novedad, las pocas que se producían se reducían a compras de vacas o mulas, o algún viaje que se efectuaba a la ciudad; por lo demás, vivíamos enquistados en la rutina más profunda.
Pues bien, según nos contaron mis padres después de cenar, el día de Noche Buena era muy especial para los niños y niñas del pueblo, ya que saldríamos por las calles a pedir la colación. Para mí encerraba una novedad aun mayor por ser la primera vez en participar por haber cumplido ya los siete años. Mis padres no albergaban el menor temor por mi salida, pues me acompañaría mi hermano, que era año y medio mayor que yo.
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No es cuestión de estar muy despiertos para comprobar que el número de feligreses que frecuenta los templos católicos ha ido disminuyendo ostensiblemente en los últimos lustros.
Sin indagar mucho en las causas que lo han motivado, son fáciles de deducir algunas. Los que contamos con más de medio siglo de experiencia recordamos que en nuestra niñez y juventud resultaba muy fácil ser cristiano practicante. Eran tiempos en que casi toda la sociedad española se acercaba a los templos los domingos y demás fiestas de guardar. Fue con la llegada de la democracia cuando cada ciudadano tuvo oportunidad de hacer aflorar sus propias ideas religiosas y políticas, iniciándose entonces, de forma paralela, el retroceso de audiencia de muchos cristianos en el culto de los templos.
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21.05.07 @ 09:51:20. Archivado en Familia, Valores
La estructura que ha conformado hasta nuestros días la familia tradicional está sufriendo una profunda crisis en los últimos lustros, sembrando inquietud y desesperanza en muchos que nacieron y se formaron en su seno. Ciertamente cunde el pesimismo, viendo cómo se desmorona la que se consideraba como estructura familiar tradicional perfecta, y la que era y es, desde luego, la primera célula en la que siempre se ha basado la sociedad.
Me uno a quienes vislumbran con optimismo para un futuro no lejano una nueva concepción de la familia, basada en criterios sociales más acordes con la realidad que vivimos, capaces de hacerla más estable, más preparada y humana para la convivencia del conjunto de sus miembros.
En las últimas fechas ha caído en mis manos un libro de Gabriel Calvo, titulado “Energía familiar” y, a pesar de estar editado antes de que se aprobara la Ley de matrimonios homosexuales, trata tan delicado tema con realismo y optimismo de cara al futuro. Transcribo textualmente algunos párrafos que apuntan en esa dirección:
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13.05.07 @ 17:54:51. Archivado en Iglesia, Familia
En todos los tiempos, pueblos y creencias el ser humano se ha visto necesitado de modelos de referencia en los que mirarnos para dar sentido a su vida, bien sea en etapas de bonanza corporal y espiritual o en momentos de aflicción y de angustia. Para los cristianos, una de esas criaturas excepcionales ha sido María, la Madre de Jesús de Nazaret.
María es el orgullo del Pueblo de Dios al que llamamos Iglesia. Ella es la obra perfecta de la creación en la que Dios más se complace y a la que el ser humano recurre, como regazo de amor, en busca de apoyo durante su peregrinar por este mundo. No sin razón se ha dicho que María es refugio de pecadores, inspiración de poetas y aliento de caminantes.
María, desde tiempos muy lejanos de nuestra historia hasta los albores de nuestros días, ha sido tema de veneración en nuestros hogares y escuelas, siendo ensalzada de múltiples formas, sobre todo durante el mes de mayo, que la tradición de forma generosa le ha reservado por ser el mes de las flores. Posiblemente en los entrañables ejercicios de “Flores a María” de nuestras escuelas, nacería el amor que tanto niños como jóvenes dedicaban a la Señora.
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26.03.07 @ 12:17:40. Archivado en Familia, Valores
Recuerdo haber oído decir en más de una ocasión a padres y abuelos frases como estas, alusivas a su afán por quererlo todo: “Con estos hijos no hay quien pueda”. “Se creen que los dineros nos llueven del cielo”. “Nunca se cansan de pedir”.
No hay duda de que el tema de la educación de los hijos tiene siempre vigente actualidad y que resulta, a veces, problemático el cumplimiento del rol de padres, desde que los hijos nacen hasta que se hacen mayores de edad, y, a veces, aún después. Cualquiera etapa del año es propicia para educar, y ésta que vivimos ahora de la Cuaresma, con más razón.
En estos últimos tiempos – que podríamos denominar de las vacas gordas en Europa – los padres se sienten propensos a dejarse seducir por el permisivismo que acecha a los niños y jóvenes. Por una parte, caen en las redes de esta lacra muchos padres, a poco que el hij@ les ponga en la cuerda floja de sus deseos, por el hecho de no ser menos que sus amigos, si la familia se ve favorecida por ingresos generosos. También se sienten prisioneros de estas mismas redes, padres de economía no muy boyante, que, incluso a veces, deben hacer malabarismos para poder llegar a final de mes, cediendo a los deseos de sus hijos, pensando que así no se sentirán inferiores a los demás.
También es fácil constatar que en la actualidad los duendes del consumismo tientan a comprar a padres e hijos con los últimos artículos que la técnica pone en el mercado. No sólo me refiero a la tradicional ropa o calzado de marca, sino a móviles, cámaras fotográficas, …
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Los que peinamos canas de experiencia, y nos cupo nacer en un pueblo rural, en más de una ocasión, añoramos vivencias que de forma continuada y periódica se repetían en el ámbito del pueblo, como si se tratara de un rito avalado por la tradición. No me refiero a experiencias que estuvieran sometidas a un aire misterioso o exótico, sino a actividades populares que formaban parte de la vida misma de la economía de sus gentes. Porque sirva de ejemplo de una de aquellas vivencias, citaré el tradicional sacrificio del cerdo, comúnmente llamado “matanza del cerdo”.
Para los niños de entonces, - con más de medio siglo de vida ya a sus espaldas – cada uno de aquellos acontecimientos iba revestido de un ambiente festivo familiar. En general, los familiares más allegados de quien realizaba la experiencia, si entre ellos había buena relación de amistad, tomaban parte del acontecimiento o se acercaban hasta el domicilio, si se trataba de una compra, para analizar y comentar su opinión al respecto.
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28.12.06 @ 17:38:54. Archivado en Familia
Las estructuras de la sociedad están cambiando de forma vertiginosa. En nuestro mundo interior existe escepticismo hasta en el futuro más inmediato. Situados en esta realidad y pensando en el mañana de los hijos, los padres se esfuerzan por proporcionarles la formación adecuada.
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