El Adviento es tiempo de gracia
16.12.08 @ 19:16:35. Archivado en Iglesia, Valores
Sin poderlo remediar, una vez más se nos escapa el año, al que con toda seguridad despediremos con la acostumbrada fiesta de Fin de Año, para recibir el Nuevo 2009 con las tradicionales campanadas y la mayor de las ilusiones, aunque tengamos la crisis metida hasta los tuétanos. Son fiestas entrañables que la sociedad entera celebra con sus mejores galas en el ámbito familiar y, en la medida de lo posible, hemos de conservar tan especiales tradiciones.
Los católicos, con cuatro semanas que llamamos de Adviento, también hemos iniciado ya el nuevo año litúrgico. ¿Lo hemos iniciado con renovada conciencia esperanzada? La palabra Adviento, en el ámbito eclesial, significa preparación de la venida del Señor. Tres personajes bíblicos son maestros del Adviento: El Profeta Isaías en el Antiguo Testamento orientó y alentó a Israel en la espera del Mesías; Juan El Bautista lo anunció ya cercano con palabras que invitan al cambio y a la conversión: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos” (Mc 1,3); la Virgen María, desde su disposición de esclava del Señor, lo recibió en sus entrañas, fiada de las palabras del ángel.
La Palabra de Dios nos exhorta a allanar en nuestros días los senderos del Señor, buscando nuestra conversión personal desde la fe, la esperanza y el amor. Necesitamos convertirnos, limpiar el corazón de actitudes que conducen al consumismo sin control, o a dar culto desmedido a nuestro yo, o a cerrar el corazón al hermano necesitado.
Dios se hace carne de nuestra carne, para marcarnos el camino de la felicidad desde el compartir. Siendo rico y dueño de todo, se hace pobre para darnos ejemplo de vida y de esperanza. Desde filosofías no cristianas se dice que, si das de lo tuyo, te quedas sin nada, pero, según el mensaje del Evangelio, siente más satisfacción el que da que el que recibe.
Debemos caminar siempre orientados en la esperanza, que es la mejor compañera de viaje del cristiano, mientras caminemos por este valle de lágrimas. Nuestra actitud no debe ser como la del viajero que espera el tren o el autobús, sin exponer nada a cambio; el cristiano debe imitar la esperanza del agricultor que, después de preparar bien la tierra y abonarla en el tiempo oportuno, espera que la semilla germine y dé fruto del ciento por uno.
¿Qué puede esperar el cristiano en Navidad, si no pone nada de su parte para recibir al Mesías Libertador? Cada uno debe hacer una buena limpieza en la casa de su corazón para que cuando llegue el Señor encuentre la acogida deseada.
Han transcurrido más de dos mil años desde que el Mesías nació en Belén. No es imprescindible esperar a que llegue la Navidad para que Dios nazca en nosotros, Dios puede nacer cada día en nosotros, a través de la lectura-reflexión de la Palabra, o en la Eucaristía donde se hace alimento de nuestra alma, o en cada uno de los seres humanos que tenemos a nuestro lado, sobre todo en los más necesitados.
Las panderetas y villancicos de los niños alegran este mundo, empeñado en caminar por sendas consumistas y del sin sentido, pero no olvidemos que Dios siempre nace en el corazón de los hombres de buena voluntad.
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Gonzalo Díaz
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