Vivir con actitud fraterna (1)
20.11.08 @ 11:29:47. Archivado en Iglesia, Valores, Inmigración
El ser humano, como la naturaleza entera, forma parte del universo creado por Dios, creación imperfecta, limitada por los condicionantes de este mundo; el tiempo, la precariedad, el dolor, la muerte, …
Por encima de las muchas limitaciones que controlan su existencia, el ser humano goza de unas prerrogativas que le sitúan en un plano muy superior al del resto de las criaturas, como pueden ser: la dignidad, la libertad, la voluntad, su capacidad de pensar, …
Antes de continuar, conviene dejar claro que cuando el ser humano llega a este mundo no lo hace con unos derechos adquiridos para elegir su físico, su capacidad intelectual,…(aunque en la actualidad la ciencia va dando pasos muy significativos al respecto).Todas las capacidades con las que se llega a este mundo han sido recibidas de forma gratuita por parte del Creador, razón por la que nadie debe alardear de ser más guapo, más fuerte o más inteligente y, menos aún, despreciar o ridiculizar a quien no haya sido agraciado como él. Lo que sí se desprende de ello es que quienes se sientan agraciados debieran tener una actitud de agradecimiento por los dones recibidos y, al mismo tiempo, de respeto hacia quienes hayan sido menos favorecidos. Aquí se cumple el dicho popular que dice: “unos nacen con estrella y otros nacen estrellados”. Asimismo, viene al caso puntualizar que a las personas no se les debe medir o valorar por su aspecto físico ni por lo que digan, sino, más bien, por las obras que realizan.
Fruto de las carencias que el ser humano padece, se pueden citar las muchas enfermedades de diversos tipos que se ceban en nuestros cuerpos, haciendo sufrir a personas y a familias por no siempre encontrarlas sentido; generalmente son fruto de la debilidad humana, y en algún caso concreto culpa del propio ser humano.
Ante tanta debilidad y miseria, Dios ha dotado al hombre de libertad y voluntad, facultades que algunos emplean para hacerse cercanos a los hermanos desfavorecidos. Este es el caso de quienes practican el voluntariado, hombres y mujeres de buen corazón que, sensibilizados por las diversas pobrezas que atentan contra la dignidad del ser humano, deciden actuar como buenos samaritanos, acompañando a quienes sufren.
Los que tenemos el don de creer en un Dios que es Amor, que se ha encarnado en nuestro mundo para liberarnos de nuestras esclavitudes, e incluso de la muerte, nuestra fe nos dice que ese Dios está presente en cada uno de los seres humanos, y de forma especial en los menos favorecidos, ellos son sus predilectos. Así se recoge de forma textual en el Evangelio: “Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed, . . .”. (Mt.25, 35-40).
El hombre es libre para recrearse en sí mismo, dando culto a su cuerpo y endiosándose en su egoísmo, o para agradecer al Creador los dones recibidos, poniéndolos al servicio de un mundo mejor en el ámbito familiar, laboral o social. Otros, además, actúan como buenos samaritanos, haciéndose cercanos al hermano necesitado. Aunque en la sociedad actual se disfrutan tiempos de progreso, son muchas las pobrezas que limitan la felicidad del hombre, y a las que se debe combatir con todos los medios posibles, para conseguir un mundo más fraterno.
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Gonzalo Díaz
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