El reino de la fraternidad
10.11.08 @ 11:51:08. Archivado en Familia, Valores
En el ámbito de la enseñanza, y sobre todo durante la infancia, uno de los medios didácticos más empleados es el cuento, por la sencillez de su trama y por la moraleja que lleva implícita. Como también muchos adultos son partidarios de este medio, os ofrezco en esta ocasión el cuento de El Reino de la fraternidad.
Había un país en el que sus habitantes se sentían esclavos por los malos tratos que recibían, allí dragones y malas bestias imponían su autoridad, hasta que un buen día se hizo con el poder un rey, que de forma milagrosa los libró de tan malas artes.
Desde el inicio de su reinado, el nuevo rey se propuso que todos sus súbditos convivieran como hermanos, pero, de forma paralela, surgieron y unieron sus fuerzas las malas artes de dragones, ogros y brujas malvadas que sembraron la envidia y el odio entre la población.
Como el nuevo reinado se apoyaba en el amor, la paz y la libertad, andando el tiempo, los súbditos, apoyados en su libertad, fueron olvidándose de que un día se vieron liberados de sus anteriores cadenas y, amedrentados por las amenazas de las malas bestias, en ámbitos ajenos de la presencia del rey, fueron desoyendo sus mandatos e, incluso, criticando sus decretos.
Centrados en su libertad, mal entendida, y asesorados por los enemigos del rey, los súbditos fueron cayendo en las redes del libertinaje y dando rienda suelta a sus insolidarios instintos, derivándolos hacia la acumulación de riquezas, el hedonismo y el afán de sobresalir sobre los demás, a costa de lo que fuera.
Poco a poco fue empeorando el buen ambiente ciudadano que al principio del reinado consiguió el rey, desapareciendo valores éticos y morales que antes habían considerado fundamentales, seducidos por promesas de vida fácil procedentes de falsos profetas.
Ante el beneplácito de dragones, ogros y brujas malvadas, el reino fue debilitándose, llegando a pensar los enemigos del rey que sus días estaban contados y que su trono sería usurpado por otro rey con el que el terror y el pillaje estuvieran al orden del día.
No sin dificultades, el rey, al que llamaban “el príncipe de la fraternidad”, siguió reinando, apoyado por sus fieles vasallos y por un grupo de Hadas Buenas que nunca perdieron la esperanza de revitalizar y actualizar el reino de la fraternidad. El principio vital que impulsaba a actuar a las Hadas Buenas era el servicio desinteresado al hermano y el afán por hacer felices a todos, en especial a los más necesitados.
Ante los obstáculos que encontraban en su intento de consolidar El Reino de la fraternidad, fueron a la búsqueda de vasallos de buen corazón que les ayudaran a conseguir sus planes. Fue generosa la acogida que tuvo su llamada, y secundadas por los fieles vasallos, poco a poco hicieron alborear un nuevo futuro para el Reino. Fue cuestión de seguir trabajando y, dando tiempo al tiempo, el rey fue sofocando cuantas tendencias malignas habían empobrecido su reino. Hasta los ogros, dragones y malas brujas se vieron obligados a mostrar desde entonces buenas actitudes, al comprobar que en El Reino de la fraternidad se vivía en paz, amor y libertad.
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Gonzalo Díaz
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