El padrenuestro
31.07.08 @ 12:29:31. Archivado en Iglesia, Oración
El padrenuestro es la oración más perfecta para el mundo cristiano, tanto por su origen como por su contenido. Aglutina todos los ingredientes necesarios para que el creyente encuentre en ella el modelo de relación que debe mantener con su Creador. Es una joya que hace ya más de 2000 años nos concedió Jesús de Nazaret cuando nos enseñó a orar al Padre- Dios.
Es muy posible que, aunque se trate de una oración tan sublime, al ser su uso tan habitual en los ritos y celebraciones cristianas, haya entrado en el ámbito de la rutina y de la irreflexión de los fieles hasta convertirse en una práctica religiosa vacía de contenido.
La relación humana con el Creador – eso significa la palabra religión – no debe apoyarse en fórmulas rígidas alimentadas por la rutina, sino que siempre debe brotar del fondo del corazón, desde la reflexión y el deseo de comunicarnos con el Padre. Sólo en tales condiciones se produce el clima idóneo para entablar el diálogo Padre – hijo y manifestarle los problemas que nos acarrea la realidad que vivimos, desde la sencillez, naturalidad y sinceridad. Toda relación con el Creador debe nutrirse de la acción de alabanza, de perdón y de súplica. Apoyados en estas premisas, podremos utilizar de forma adecuada en nuestros rezos la oración del padrenuestro.
Desde el primer momento de entrar en sintonía con el Padre del cielo, debemos apoyarnos en nuestra condición de pequeñez y en la confianza de que Dios nos escucha siempre, aunque no necesite para nada de nosotros. Para ello, es imprescindible situarnos en nuestro interior con una actitud de recogimiento espiritual, sentirnos cercanos al Padre – Dios, que es todo entrañas de misericordia, que nos conoce mejor que nosotros mismos y sabe lo que necesitamos antes de que se lo pidamos.
Qué reconfortante debe ser reconocer en ese encuentro a Dios como el padre que nos quiere sin límites. En tal actitud de confianza y sencillez es cuando se inicia la relación paterno – filial; el hijo se encuentra a gusto en presencia de su Padre, y el Padre se llena de ternura al sentir la cercanía de su criatura humana.
Es muy posible que, en esos momentos de intimidad, el ser humano incluso se olvide de su propia necesidad y aproveche la circunstancia para presentarle la de sus hermanos, pues, al decir “Padre nuestro”, toma conciencia de tener tantos hermanos, hasta de diferentes razas y culturas, que pueden necesitar de nuestra ayuda fraterna, En ese clima familiar se puede tomar nueva conciencia del significado de la palabra padre, de ese Padre que lleva a todos sus hijos en el corazón, al que le gustaría que le llamaran “papá”, como lo hacía Jesús de Nazaret, cuando en ocasiones le llamaba abba.
En esos encuentros con el Padre, en diálogo sincero y espontáneo, es posible que podamos captar la idea de que a Dios no se le escapa ninguna de nuestras necesidades, antes de que se las presentemos, pues nos conoce a la perfección; y hasta lleguemos a concienciarnos de que deja en nuestras manos la construcción de este mundo. A esta conclusión podemos llegar, cuando aceptemos de buen grado que se cumpla en nosotros su voluntad. Para llegar a esa conclusión, debemos tener muy claro que desde el primer día que pusimos nuestro pie en este mundo, Dios nos dotó de unas capacidades concretas para que a lo largo de nuestra vida las fuéramos desarrollando; es lo mismo que decir que ha dejado el mundo en nuestras manos. Es el Dios perfecto que, ausente en su invisibilidad, lo trasciende y sondea todo, dejándonos en plena libertad – sin coacciones – para colaborar en la construcción de su Reino.
En su infinita sabiduría cuenta con nosotros en su proyecto creativo, concediéndonos cada día el pan que necesitamos y perdonándonos hasta setenta veces siete, porque tiene entrañas de misericordia.
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Gonzalo Díaz
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