Sentirse cosmopolita
12.04.08 @ 10:31:02. Archivado en Valores, Inmigración
Decimos que una ciudad es cosmopolita cuando en ella conviven en paz personas de diferentes culturas, civilizaciones y credos desde el respeto y la tolerancia. A lo largo de la historia se ha atribuido el adjetivo cosmopolita a ciudades populosas en donde se concentraba la población de procedencias diversas por intereses mercantiles, al ser ciudades que actuaban como lugares de cruce de las grandes rutas comerciales de entonces. Entre otras, se pueden citar Madrid o Estambul, ….
La profunda migración que está generando nuestro tiempo, y que especialmente tiene como destino Europa, nos está llevando de forma inexorable a vivir de forma cosmopolita. En los últimos lustros, nuestros pueblos y ciudades, como si se tratara de un sueño, aunque no siempre deseado, se ven invadidos por personas que se asientan en nuestras viviendas en busca de un futuro familiar mejor. A medida que nos vamos acostumbrando a su compañía, comprendemos las penurias que han debido superar hasta llegar a nuestra tierra, sobre todo aquéllos que carecen “de papeles” y se les cierran las puertas de un trabajo legal. Ante esta realidad, con frecuencia me pregunto ¿por qué se les niegan a ellos los derechos que disfrutamos nosotros? ¿Son culpables de haber nacido en lugares de pobreza donde se les hacía imposible encontrar un futuro humano?
No pretendo entrar en qué políticas utilizaron los gobiernos de los países de donde emigraron, ni de los que los reciben. Es posible que con una visión y actuación distintas de los países llamados ricos o del Norte, se hubiera podido evitar el forzoso éxodo que se han visto obligados a realizar.
La verdad es que las cosas están como están, y desde esta realidad, también me he preguntado en más de una ocasión, ¿Cómo me hubiera gustado ser tratado, si hubiese vivido su misma circunstancia? No hay duda de que me hubiera gustado ser aceptado y ayudado en el país que me recibe. Les diría que mi presencia no tiene por finalidad quitar puestos de trabajo a nadie, sino que sólo busco la supervivencia digna que se me niega en mi país.
Qué bonito sería sentirnos miembros de una ciudad cosmopolita en la que poder convivir en paz desde nuestras diferencias. Sin olvidar nuestros orígenes patrióticos y regionalistas, abramos nuestras fronteras psicológicas “del uno al otro confín” de la tierra, para sentirnos de verdad ciudadanos del mundo.
El ser humano se enriquece en contacto con sus semejantes, bien sea a través de la convivencia diaria o de viajes o de la simple lectura. A través de los viajes nos enriquecen sus monumentos históricos, sus costumbres, sus comidas, etc. Desde la tolerancia y el respeto mutuo en la convivencia diaria nos podemos enriquecer entremezclando culturas y costumbres. Es cuestión de tiempo, de tolerancia y de paciencia. Nos ha llegado el momento de vivir de forma cosmopolita, sólo falta tomarlo con objetividad y optimismo.
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Gonzalo Díaz
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