El Dios de Jesús de Nazaret
14.03.08 @ 11:19:40. Archivado en Iglesia, Jesucristo
A Dios nadie le ha visto jamás, es espíritu puro que se nos puede mostrar de diversas formas, como lo hizo, por ejemplo, con Moisés en la llama de una zarza en el monte Horeb (Ex.3, 1-6). Su espíritu todo lo trasciende y sondea, pues en Él nos movemos y existimos.
Jesús no sólo vino a este mundo a salvarnos de nuestra condición pecadora y a mostrarnos ejemplo de vida, sino también a darnos a conocer al Padre, como se puede comprobar en la lectura del Evangelio.
El Dios de Jesús de Nazaret es el Dios de la misericordia que en un derroche de amor nos ha creado libres, a su imagen y semejanza, para colaborar en la construcción de su reino de amor en el mundo.
La parábola del Hijo pródigo (Lc. 15,1-32) nos muestra a Dios como un padre lleno de amor y ternura que celebra la vuelta a casa de su hijo con una fiesta, después de arruinar su vida. Apoyado en su libertad, el hijo menor abandonó el hogar para llevar una vida lisonjera y, cuando hubo derrochado su hacienda, regresó arrepentido a la casa de su padre, cuyo corazón, durante su ausencia, esperó cada día su regreso.
Para Dios, no cuentan nuestros pecados, pues su misericordia infinita siempre está dispuesta a ofrecernos su perdón, si nos arrepentimos de nuestras malas actitudes. Nunca es tarde para acudir con confianza y humildad, arrepentidos, al encuentro de nuestro Dios, como el hijo pródigo.
En el pasaje del Juicio final (Mt. 25, 34-40), el espíritu de nuestro Dios se muestra muy cercano a sus hijos más pobres y necesitados. Para Él sus predilectos son los que nosotros, los humanos, consideramos despreciados y desgraciados en esta tierra, acogiendo en su Reino, como benditos, a quienes aquí se hayan ocupado en tratarlos como hermanos, pues un día premiará a los que hayan dedicado sus cuidados a los necesitados de alimento, vestido, acogida, salud o libertad.Si un padre cualquiera de la tierra dedica los mayores cuidados entre sus hijos a los más débiles, con mayor razón el corazón del Padre del Cielo se preocupa preferentemente y se enternece con los hijos más necesitados, porque son quienes más lo necesitan.
El Dios de Jesús de Nazaret en el que decimos creer no es un Dios del miedo y del castigo, cuya imagen se nos quiso ofrecer en épocas pasadas. Es el Dios que desea nuestra felicidad ahora, aquí, en la tierra, y después en la otra vida venidera.
Es hora de que el mundo conozca a este Dios del amor y del perdón. El Dios que respeta nuestra libertad y busca siempre en nosotros actitudes de arrepentimiento, cuando nos apartamos de Él por culpa de nuestras debilidades.
La cuaresma es un tiempo de gracia que el Señor nos concede para ir al encuentro de este Padre que nos espera con los brazos abiertos. Vivamos la Semana Santa envueltos en ambiente de silencio y confianza para disfrutar con Él de la Pascua de Resurrección de su Hijo.
Comentarios:
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Gonzalo Díaz
autor
Contacto


