Antes de formar pareja
04.03.08 @ 17:03:05. Archivado en Familia, Valores, Enseñanza
Vivimos en una sociedad cambiante en la que hasta los principios que considerábamos intangibles varios lustros atrás son poco duraderos en el tiempo, provocando en la gente situación de inquietud y de tensión. Vamos comprobando día a día cómo los telediarios se convierten en espacios de sucesos en los que el rosario de catástrofes, muertes o maltratos de parejas, de robos, … conforman un ambiente de inseguridad ciudadana. Da la sensación de que los medios informativos se dedicaran a airear los trapos sucios de la sociedad, silenciando otras muchas iniciativas que, por el contrario, van mejorando nuestras expectativas.
Es cierto que el ajetreo laboral y social que vivimos repercute de forma directa en el seno de la familia, unidad básica de convivencia. Este fenómeno, unido a los vaivenes de la convivencia familiar, puede promover situaciones de tensión, acentuadas por determinadas actitudes de los hijos, llegando a fomentar la propensión de choques y tensiones en la pareja, por mucho amor y atenciones que ambos se profesen. Sería bueno, para evitar estos desequilibrios, que en la pareja se multiplicasen las dosis mutuas de respeto, tolerancia y confianza que entre ellos se deben prodigar.
Sin querer dar consejos a nadie, porque quienes vivimos en pareja sabemos que se pasa por situaciones críticas de esta naturaleza aunque nos sintamos ayudados por la fe, da la impresión de que algunos, al llegar al matrimonio o a la unión de hecho, no van convencidos de que dicho compromiso sea para siempre, sino, como ellos mismos dicen, hasta que dejemos de amarnos. No es difícil predecir que, si una pareja se acerca al matrimonio con estas convicciones, se producirá un día no lejano la ruptura.
Puestos a analizar estas realidades, cabe pensar que ciertas parejas llegan al matrimonio, atraídos sólo por el sexo o por otros intereses de conveniencia personal, pero que adolecen de no haber pasado previamente por un proceso de conocimiento mutuo que tal unión requiere, incluso, me atrevo a decir que hasta desconocen la propia realidad que conlleva la vida en pareja.
Sin duda, sería muy importante, antes de tomar una decisión tan trascendental, disponer de una preparación adecuada durante el tiempo que dure el noviazgo.
En estas últimas décadas en que la convivencia nacional se nutre de personas de tan distinta procedencia de razas, culturas y civilizaciones, deben pensarlo muy seriamente quienes decidan formar pareja con persona de otras culturas, porque, a parte de los propios problemas que surgirían en su vida normal de pareja, se acentuarían éstos por las propias diferencias en su formación.
Ante las irreversibles situaciones no deseadas que posteriormente puedan sufrir los miembros de una familia, cuando se consuma la ruptura, se aconseja: no tomarse a la ligera la decisión de formar pareja; pensar antes en los principios en que cada uno desea afirmar su matrimonio; en casos de parejas de diferentes culturas, pensar que, pasados los primeros tiempos de unión, sus propias diferencias culturales pueden provocar situaciones de crisis.
En la vida de matrimonio, se aconseja vivir con respeto, tolerancia y confianza mutua, dándose muestras de fidelidad y cariño, cuando se preste la ocasión, y pensando siempre que los hijos, si los hay, son un regalo recibido del cielo por los que merece la pena sacrificarse.
En la pareja se debe procurar por todos los medios posibles evitar los malos tratos, y más aún, las lesiones, muertes o rupturas que siempre producen un desequilibrio anímico y social de ambos cónyuges; y, sobre todo, de los hijos;
No vivimos los mejores tiempos para que la pareja permanezca unida, pero, si por ambas partes se lo proponen, seguro que lo consiguen. Es cuestión de que cada uno actúe con coherencia y viva en paz con su conciencia.
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Gonzalo Díaz
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