Hágase tu voluntad
21.02.08 @ 12:22:56. Archivado en Iglesia, Oración
Los que creemos en el Dios de Jesús de Nazaret nos sentimos afortunados por la posibilidad de poder dirigirnos a Él con el padrenuestro, la oración que el mismo Jesús nos enseñó. Se trata de una oración perfecta para los cristianos, por reunir todos los elementos que implican la relación del hombre con Dios.
Pues bien, al rezar el padrenuestro le decimos al Padre Dios “hágase tu voluntad”, afirmación que no siempre nos resulta de fácil aceptación en la vida, por lo que es posible que necesitemos iluminar la mente para captar bien su significado.
Los humanos somos criaturas de Dios, dotadas desde el nacimiento de capacidades y facultades personales, capaces de colaborar con Él en la construcción de este mundo, actuando siempre en libertad. Fieles a este principio, cumplir la voluntad de Dios significa la libre actuación personal dictada en libertad por la conciencia. De esa manera cada momento de nuestra vida, bien sea vivido en bonanza o en adversidad, tenemos una misión que cumplir, guiados por la conciencia. No es Dios quien decide las experiencias positivas o negativas que nos suceden. Dios desea que seamos felices y nos deja actuar en libertad, por eso su Espíritu está siempre junto a nosotros, compartiendo alegremente nuestros momentos de bonanza o ayudándonos a superar los de aflicción. ¡Qué padre puede desear algo malo para sus hijos! Pues mucho menos lo puede desear Dios, que es Amor y nos ha creado por amor para que seamos felices.
Al hilo con esta forma de pensar, es hora ya de desechar de nuestras conciencias frases, como la siguiente, que se decían con total resignación en tiempos ya pasados: “Dios lo ha querido así, bendito sea”. Esta frase pertenece a José María Gabriel y Galán en el poema “El ama” a la muerte de su esposa y compañera muy querida. La historia de nuestros mayores se vivió con esta mentalidad. Es posible que ellos, confiados en Dios y con la más radical fidelidad, aceptaran sus desgracias, como venidas de la mano de Dios, pero en caso de ser así, creían en un Dios milagrero, justiciero y masoquista. Nada más lejos de esta interpretación actual, Dios deja que el curso de la humanidad discurra bajo las leyes de la naturaleza, creación imperfecta.
Aunque parezca una paradoja, el ser humano puede sentirse feliz aun en medio de sus desgracias o infeliz en su bonanza, según haya actuado en coherencia o no con su conciencia desde su libertad.
En este tiempo de Cuaresma, ¿cuál es la voluntad del Padre Dios sobre nosotros? La respuesta nos la ofrece el mismo Jesús. Él tuvo que recluirse en el desierto para conocer la voluntad de su Padre, y allí fue tentado antes de iniciar su misión redentora. También nosotros debemos acudir al desierto, no al desierto real, que está muy lejos de nosotros, sino al desierto de nuestro interior, alejados de las apetencias del mundo, para sintonizar y dialogar con el Padre en busca de nuestra conversión personal, rechazando dar culto a nuestro cuerpo y a nuestro yo, y tendiendo nuestra mirada hacia los hermanos más desfavorecidos.
Así es como caminaremos hacia la gran Pascua, acompañando previamente a Jesús en el sendero de nuestra salvación.
El gran amor de Dios, nuestro Padre, ha sido enviarnos a su Hijo para rescatarnos del pecado y ganarnos la condición de hijos.
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Gonzalo Díaz
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