El valor de la educación
08.02.08 @ 18:37:40. Archivado en Familia, Valores, Enseñanza
Es del sentir general que, desde hace ya varios lustros, la educación de nuestros niños y jóvenes se está deteriorando. El grupo de los docentes, sean del signo que sean, denuncia este deterioro en el interior de las aulas, aunque gran parte de la sociedad les culpe de ser ellos los principales causantes de esta realidad. La familia, que desde siempre ha sido primera responsable de la educación de los hijos, también sufre del principio de falta de autoridad y se encuentra en ocasiones sin saber cómo actuar ante actitudes difíciles de sus hijos (cuando los hijos demandan nuevas atribuciones, aduciendo que sus compañeros ya las han conseguido, por ejemplo, llegar a casa a tal o cual hora). Asimismo son vox pópuli comentarios de unos y otros sobre la falta de valores cívicos, éticos y morales de los jóvenes, por el vocabulario que emplean o por ciertos comportamientos que manifiestan.
El niño desde los distintos ámbitos sociales, sobre todo de la TV, está recibiendo ejemplos y mensajes que rara vez pueden favorecer la buena educación. A este respecto, siempre se ha dicho que los niños son como esponjas que absorben cuanto oyen y ven en sus ambientes, motivo por el que los padres y adultos deben estar alertas en sus palabras y acciones en su presencia.
Me atrevo a decir que las actitudes que solemos recriminar a los hijos casi siempre nacen del permisivismo y del chantaje. Aunque el tema merece llenar varias páginas, sin embargo, me voy a limitar a mostrar un ejemplo de cada caso. Cuando al niño se le concede cuanto desea, aunque sea por vía del pataleo o del lloro, o cuando se le permite lo que sea por no ser menos que los demás, caemos en el permisivismo. Por otra parte, siempre que intentamos ganar su voluntad o sus buenas actitudes, recurriendo a pactos de ventaja, caemos en el chantaje (si apruebas… te compro …). Posiblemente sean los dos medios más utilizados hoy por los adultos para deformar la conciencia de niños y de jóvenes.
Con los tiempos que corren y con el ambiente social que nos envuelve, hemos de reconocer que es difícil educar bien a los niños y jóvenes, pero no quiere decir que sea imposible. Es cierto que no se puede educar, apoyado en los mismos principios de ayer, pero ello no presupone que hoy no haya que educar en valores como, el amor, el respeto, la tolerancia, el perdón, el diálogo, la responsabilidad, el esfuerzo, el sacrificio, la obra bien hecha, …que son valores de siempre.
Sin apoyarse en el autoritarismo familiar, padres y madres deben cumplir con sus responsabilidades, aunque no siempre les resulte agradable. Ante posturas extremas de los hijos, porque no siempre se les puede conceder todo, hay que actuar con decisión y coherencia, empleando ambos cónyuges criterios comunes, sin pensar en las concesiones que otros padres puedan otorgar. El diálogo entre padres y profesores también puede evitar muchos malentendidos y siempre es una prueba del interés que padres y profesores se toman en la educación. Entre los miembros de la familia siempre se debe potenciar el diálogo familiar y la delegación de responsabilidades como medio de conseguir una buena educación y formación.
No olvidemos que, para bien o para mal, los progenitores son los primeros responsables de la educación de sus hijos.
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Gonzalo Díaz
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