¿Qué pasa con la Iglesia?
14.01.08 @ 10:52:24. Archivado en Iglesia, Jesucristo
La Iglesia ha celebrado con gozo y alegría el misterio navideño: Dios, tomando nuestra propia naturaleza, se hace uno de nosotros por amor, baja a nuestra tierra para que posteriormente, cargando con nuestras debilidades en la cruz, seamos conducidos por Él hacia la Resurrección.
No entiendo por qué la Iglesia, seguidora de este Dios hecho hombre, es calumniada y criticada de forma hostil en nuestro tiempo por personas y grupos, cuando en general su misión consiste en defender la verdad, las buenas costumbres y en atender a los más necesitados de la sociedad.
Ante tal situación, nacen en mi interior algunos interrogantes:
¿Esta postura de odio hacia la Iglesia de Jesús de Nazaret tiene su origen por algunas actitudes que se prodigan en su seno y que parecen alejarse del mensaje de su fundador?
Es posible que la Iglesia, en tiempos ya pasados, y también en los actuales, olvidando su condición pecadora y acaparando el magisterio de la verdad, se haya tomado atribuciones que no siempre fueran las más oportunas para una Institución tan secular. Sobre esto Juan Pablo II ya pidió públicamente perdón por tantos errores cometidos en el discurrir de los tiempos.
¿Es, tal vez, porque los cristianos, con su ejemplo de vida poco edificante han desvirtuado el mensaje de Jesús? Está claro que no hemos de detenernos sólo a criticar ciertas actitudes de curas y monjas, sino que los cristianos de a pie, desviándonos del mensaje de Jesús, no siempre hemos actuado conforme al mensaje del Maestro.
¿Es posible que el maligno, como ya lo hizo en otros tiempos, siga luchando por evitar que se haga realidad el Reino de Dios en el mundo?
No hay duda de que con la venida del progreso y de la técnica, al vivir en la abundancia, el hombre cree no necesitar a Dios. Los hombres son felices con las cosas creadas, - mejor dicho, - quieren ser felices con las cosas y se recrean en ellas, dando culto a su cuerpo y dejándose llevar por el consumismo, el hedonismo, el afán de tener, … quedando, sin embargo, al final en su interior un vacío que les niega la felicidad.
Creo que en todo este tema tiene mucho que ver la fe. No hay duda de que Dios y su mensaje son siempre el mismo, es eterno. Es nuestra actitud, guiada por la fe la que puede estar en horas bajas, en tiempo de euforia o en estado terminal.
La fe es un don gratuito que Dios concede libremente al ser humano, con la seguridad de que quien la busca de corazón puede encontrarla. La fe da sentido a la vida del espíritu, pero es preciso alimentarla, como hacemos con el cuerpo para poder vivir. Es lo que llamamos vida espiritual que cultivamos con la oración, los sacramentos, la eucaristía, lectura-reflexión de los textos sagrados,…
Volviendo al principio y para evitar confusiones sobre la composición de la Iglesia, no se puede olvidar que todos los bautizados son y forman la Iglesia, igual que el Papa, los obispos, los curas y las monjas. Debe quedar claro que la Iglesia no la forman sólo los curas y las monjas y frailes. Todos sus miembros, los bautizados, gozan de la misma dignidad y a todos compete ser sal y luz en la sociedad, tanto entre los bautizados y como entre los que no lo son. El cristiano que opta por seguir al Dios de Jesús de Nazaret debe ser coherente con lo que cree, por ejemplo, hacer uso de los bienes de este mundo de forma digna, pero sin poner su corazón en ellos. Según el Maestro, sus discípulos han de aprender a compartir sus bienes con los necesitados y a amarse unos a otros como Él les ha amado. Actuando así, el hombre puede ser muy feliz mientras permanezca en este mundo.
Los hombres y mujeres de nuestro tiempo, sobre todo los que más critican y difaman a la Iglesia, necesitan del ejemplo de vida de los verdaderos cristianos, siendo sal y luz en sus ambientes laborales, familiares y sociales. Posiblemente así se pueda cambiar la confusión que hay en torno a este tema.
Alimentados y dirigidos por la fe en el Señor, los cristianos pueden construir un mundo mejor en el que los menos favorecidos: excluidos, encarcelados, inmigrantes, oprimidos, sientan fortalecida su dignidad, viviendo en un mundo de justicia y de igualdad.
Comentarios:
En mi caso, no lo tengo claro, pero a pesar de ello, procuro no abandonar la oración, la celebración comunitaria de la Eucaristía y mi grupo de catequesis de adultos (tengo 29 años).
Pienso que yo he contado con muchas fuentes de que beber la fe y alimentarme pero algo que no siempre he estado dispuesto es a que me ayuden a andar personalmente y no estoy hablando de convertirme en una oveja inconsciente y manipulable sino en un testigo consciente.
A la filosofia le sobran las religiones
TODAS
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Gonzalo Díaz
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