Analizando la Navidad
18.12.07 @ 16:36:40. Archivado en Iglesia, Navidad
En estas fechas cercanas a la Navidad, al observar el ambiente socio-religioso que se respira en nuestro entorno, pienso en el cambio que estas celebraciones están experimentando a lo largo del tiempo. Ciertamente nuestra sociedad se encuentra ante una realidad nueva, tal vez favorecida por la confluencia de distintas culturas, creencias y costumbres.
Para muchos de los que conviven con nosotros por motivos de inmigración, la Navidad significa muy poco, y es lógico que permanezcan ajenos a esta fiesta, aunque tal vez les atraiga la curiosidad de conocer nuestras costumbres.
Mucha gente se deja seducir por villancicos y belenes, que en estos días se ven y se oyen por doquier, y hasta dicen vivir con ello el recuerdo de la venida de Dios al mundo y celebrarlo con comidas y cenas familiares extraordinarias, pero en su interior no sintonizan con el mensaje de amor que el Dios Niño nos trae en Navidad. Son gente de buen corazón que siempre vivió así la Navidad.
Para otros la Navidad encierra un misterio profundo en el que se celebra el cumpleaños de la venida de Dios a este mundo en Belén, tomando nuestra propia naturaleza, para redimirnos de nuestros males. A tal efecto, aprovechan el adviento (cuatro semanas anteriores a la Navidad), para revisar su vida espiritual y preparar adecuadamente la venida del Niño Dios.
En estos últimos lustros prolifera en la sociedad un ambiente de indiferencia hacia el misterio de la Navidad. Es una pena que el alejamiento de las prácticas religiosas y el consumismo les hagan centrarse sólo en vivir la Navidad de forma profana.
Es una evidencia que en estas fechas se enternece el corazón humano, y que en la gente se desata un afán especial por la compra de regalos para celebrar Santa Claus o los Reyes Magos.
Para quienes la Navidad encierra un misterio profundo, siguen siendo útiles hoy las palabras de Juan el Bautista, invitando a la conversión ante la inminente llegada del Señor. Para ellos el adviento es tiempo de allanar barrancos y montañas del corazón. Ojalá que en nuestra vida cada día hagamos realidad su venida y que siempre sea Navidad porque nos amamos unos a otros de verdad.
Los que se quedan en la profano sólo están pendientes de oír la voz de los medios de comunicación social, que les informa sobre dónde poder comprar mejor y más barato o dónde poder divertirse a su gusto.
En la actualidad, la forma de vivir la Navidad es cuestión de gustos, posibilidades, ideales y credos, porque, gracias a Dios, disfrutamos de libertad, aunque ésta sea en ocasiones mal entendida por algunos que terminan desembocando en el libertinaje.
Volviendo al misterio de la Navidad, aunque con apariencia de debilidad, Dios se hace niño para rescatarnos de nuestras ataduras y debilidades. Son tantos los problemas que hoy acucian al mundo, que junto a su cunita de Belén me voy a atrever a dejar escritos unos deseos, suplicando al Niño-Dios por su solución:
- Que los que gobiernan aquí y en el mundo actúen con coherencia, razón y buena fe, para eliminar los conflictos bélicos e injusticias que nos avergüenzan.
- Que se pueda acabar con la lacra del terrorismo que nos impide vivir en paz y fraternidad.
- Que aprendamos a utilizar correctamente los recursos de la naturaleza que Dios nos regala.
- Que se solucione el problema de la inmigración, conviviendo con respeto, tolerancia y paz, unos con otros como hermanos.
La verdadera Navidad se debe celebrar cada año con fe y alegría, con fiestas y comidas especiales, y con villancicos y belenes, porque Dios quiere que se celebre de forma extraordinaria, pero compartiendo el amor y los bienes materiales con los pobres y necesitados. Esa es una forma de ser testigos del amor que Dios trajo al mundo y de hacer que sea Navidad todos los días del año.
Celebremos en profundidad la Navidad, haciendo nuestros los problemas de los demás, y procuremos no caer en sensiblerías y actitudes pueriles que desfiguran el auténtico misterio.
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Gonzalo Díaz
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