Siempre la familia
31.07.07 @ 11:29:07. Archivado en Valores, Enseñanza
Sin querer ser alarmista, entre diálogos de amigos se suele oír que el ambiente moral de la sociedad está empeorando de forma notoria. Es cierto que vivimos en una sociedad cambiante en la que priman otros valores que los referidos a la moral. A la hora de buscar soluciones a este tipo de problemas, siempre se echa mano de la familia. Los católicos afirman que la familia es una iglesia doméstica en la que se deben inculcar los valores morales básicos del ser humano, y todos en general convienen en que la familia es el fundamento en que se apoya la sociedad. No hay duda alguna de que la familia es la célula básica y fundamental de nuestro existir y vivir.
Al recurrir a ella en busca de soluciones, se observa que está en crisis, pero, echando un vistazo por todas las instituciones en general, es muy fácil preguntar ¿qué es lo que no está en crisis en nuestra sociedad? Estamos ante un cambio de época y ello conlleva indispensables mutaciones en la forma de vivir y de relacionarse. Consecuencia de ello son la llegada del progreso, el disfrute de la libertad, la debilitación de los valores morales, la desestabilización familiar, etc.
Entre los muchos valores que van aflorando en la sociedad, como pueden ser la libertad y el bienestar social y económico, a los que damos la bienvenida más sincera, también han hecho su aparición, como la cizaña entre el trigo, la falta de autoridad en las instituciones, el permisivismo entre niños y jóvenes, el consumismo, la vida frívola, … Y entre tanto, los que peinamos canas echamos de menos la falta de compromiso, de servicio, de sacrificio, … en la sociedad.
Las prisas por llegar a todo y las nuevas necesidades que surgen en el ámbito familiar hacen que ambos progenitores se vean obligados a trabajar, trastocándose así las estructuras de la familia tradicional. Ahora hasta los abuelos prestan un servicio muy meritorio con sus nietos que antes apenas tenía relevancia. No hay duda de que a tiempos nuevos, soluciones nuevas y eficaces.
A pesar de todo, lo que se debe tener muy claro es que la sociedad progresará en los términos que deseamos, si se consigue que la familia recupere la importancia que tradicionalmente ha atesorado. Si la familia es la primera escuela para la vida, habrá que dirigirla, ayudarla y protegerla desde los distintos estamentos estatales y sociales para que cumpla su misión. Los miembros de cada unidad familiar han de aprender a amarse y ayudarse en plena comunión, pero sin aislarse en guetos que se conviertan en fortalezas que impidan una convivencia abierta, diáfana y sana con el resto de las familias. Las familias deben ser como luces que iluminan a las demás familias aportando e intercambiando valores positivos que se consoliden en la sociedad en la que vivimos todos. Imitando a la madre naturaleza, cada familia debe ser como los astros del firmamento, que se dan luz entre sí, beneficiándose mutuamente unos de otros. Esta luz compartida entre todos puede ser la aportación de valores, como la confianza, el servicio, el respeto, la comprensión, la tolerancia, la solidaridad, etc, que añoramos para vivir en paz y libertad entre todos.
No hay duda de que la familia debe ser la institución en la que se base la sociedad. De ello deben tomar buena nota no sólo quienes nos gobiernan, sino también los progenitores, hijos y abuelos. Es hora de buscar el lado positivo que, pese a quien pese, abunda en la sociedad, en lugar de seguir lamentándose y de echarse en cara los trapos sucios.
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Gonzalo Díaz
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