Añoranzas de la vida rural
08.02.07 @ 09:58:52. Archivado en Familia, Mundo rural
Los que peinamos canas de experiencia, y nos cupo nacer en un pueblo rural, en más de una ocasión, añoramos vivencias que de forma continuada y periódica se repetían en el ámbito del pueblo, como si se tratara de un rito avalado por la tradición. No me refiero a experiencias que estuvieran sometidas a un aire misterioso o exótico, sino a actividades populares que formaban parte de la vida misma de la economía de sus gentes. Porque sirva de ejemplo de una de aquellas vivencias, citaré el tradicional sacrificio del cerdo, comúnmente llamado “matanza del cerdo”.
Para los niños de entonces, - con más de medio siglo de vida ya a sus espaldas – cada uno de aquellos acontecimientos iba revestido de un ambiente festivo familiar. En general, los familiares más allegados de quien realizaba la experiencia, si entre ellos había buena relación de amistad, tomaban parte del acontecimiento o se acercaban hasta el domicilio, si se trataba de una compra, para analizar y comentar su opinión al respecto.
Eran años aquellos en que se
compartía la pobreza y, en general, las puertas de cada casa estaban abiertas a las de los demás. No quiere esto decir que, como sucede hoy, no se prodigaran las envidias entre los vecinos, originadas por el afán de sobresalir sobre los demás. Por ej.: Tenerla mejor pareja de vacas o el mejor rebaño de ovejas, … Y es que, no sé por qué, entre los vecinos había como unos criterios comúnmente aceptados por los que se establecía una especie de jerarquía que iba desde el más pudiente hasta el más pobre. Tampoco significa que tuviera que cumplirse la regla de tres inversa, de que la felicidad no se albergara en las casas de los más pudientes, sino sólo en las de los pobres, al no tener que pensar en cómo aparentar más que los otros.
Ciertamente, la televisión no ocupaba la mayor audiencia de aquellos hogares, como ocurre en la actualidad, porque aún no había nacido, pero la gente vivía de forma más hermanada con sus diversiones, como podían ser, echando la partida de brisca o de julepe, entre varios vecinos por la noche al calorcillo de la cocina económica. Lo malo de entonces era carecer de servicios sanitarios en las viviendas, viéndose obligados a recurrir a las cuadras, sometiéndose a la mansedumbre o falsedad de los animales domésticos.
Hasta es posible, como se dejan oír voces entre los más mayores, que la gente se divirtiera entonces más que ahora, con juegos y diversiones que lamentablemente se estén perdiendo.
¡Hay que ver, cómo eran aquellos tiempos!
En días venideros iremos recordando algunas de aquellas experiencias, aunque no sea más que porque no reciban la muerte de nuestro olvido para siempre.
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Gonzalo Díaz
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