Los pastorcitos del Portal
28.12.06 @ 17:38:11. Archivado en Iglesia, Navidad
Los movimientos poco acompasados y la ilusión que ponían en el baile los niños que representaban una escena de los pastores en el Portal de Belén, entusiasmaron a padres, abuelos, y al público en general que asistió a la Eucaristía de las doce de la mañana del día de Navidad en mi parroquia.
Está claro que el origen y sentido del baile de los pastores de Belén se centra en la compañía que éstos depararon al Niño Dios en el Portal, imbuidos por un corazón grande en un ambiente de sencillez y pobreza.
Traducida esta escena a la religiosidad de nuestros días, es lógico pensar que se recoja en la celebración de la Eucaristía del día de Navidad, por ser la Eucaristía el centro y pilar de nuestra fe cristiana, y por recordar en esta fecha el día de nuestra historia en que Dios tomó nuestra naturaleza humana con todas las consecuencias para dignificar y engrandecer nuestra pequeñez.
A imitación de los coros de los ángeles y de los pastores, la Iglesia, a través de la liturgia, invita y anima a celebrar este gran acontecimiento con villancicos y bailes que brotan con sencillez y sinceridad de los corazones de los cristianos.
Yendo un poco más allá en el discurrir del baile en cuestión, me pregunto por el motivo que convocó a los padres y familiares de los niños a dicha eucaristía. Qué esperanzador sería pensar que a todos los allí presentes les había convocado el acontecimiento que celebraban, y no la sola curiosidad de presenciar la actuación de sus hijos.
Llama mucho la atención que en nuestros tiempos, en los que todos somos tan exigentes a la hora de realizar nuestras compras o de elegir nuestros tiempos de ocio, en lo referente al ámbito de la Religión, nos quedemos en muchas ocasiones en lo anecdótico y superficial, como, por ej., nos quedamos en el ambiente de las zambombas y de los villancicos sin llegar a la realidad de la celebración de un Dios que se hace presente y cercano a nosotros. Un Dios que toma nuestras miserias y esperanzas para darles un sentido y un valor sobrehumano.
Me hace pensar que tales actitudes y comportamientos son la respuesta de una fe pobre y enferma que se deja guiar por la rutina y por la comodidad.
Menos mal que Dios sabe de qué materia estamos hechos y, como su misericordia y su bondad son infinitas, se olvida de nuestras raquíticas actitudes cuando en el fondo de nuestro ser hay un corazón noble y sincero. Así lo manifiesta el canto de los ángeles en el Portal: “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres, objetos de su amor”. ( Lc,2-14).
Con mis mejores deseos de paz y felicidad para todos en estas Fiestas Navideñas.
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Gonzalo Díaz
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