Borges en escorzo (109 aniversarios)
06.08.08 @ 09:00:00. Archivado en Literatura
No es fácil definir la figura de Borges (Buenos Aires, 1899; Ginebra, 1986). Su incierta silueta, sumida en el gran océano de la literatura, se difumina entre los prodigiosos reflejos de la mar impresa, en el ir o en el venir (¿quién lo sabe?) de la infinitud de olas que sueñan. ¿Y qué decir de lo indecible sino unas temerarias, efímeras miradas? Sean un par los trazos de tan inabarcable arquitectura: el Tiempo y la Poesía. Y como en las personas no existen compartimentos estancos, ambos trazos... Dejemos que lo diga Borges: “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio en imágenes... Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”.
Partamos de que “las cosas que le ocurren a un hombre les ocurren a todos”. Y de que “el movimiento, ocupación de sitios distintos en instantes distintos, es inconcebible sin tiempo; asimismo lo es la inmovilidad, ocupación de un mismo lugar en distintos puntos del tiempo. ¿Cómo pude no sentir que la eternidad, anhelada con amor por tantos poetas, es un artificio espléndido que nos libra, siquiera de manera fugaz, de la intolerable opresión de lo sucesivo?”. Dice en El Sur (que es acaso -nos advierte- mi mejor cuento): “el hombre vive en el tiempo, en la sucesión, y el mágico animal, en la actualidad, en la eternidad del instante”.
En el Prólogo a El Hacedor (1960), dedicado a su amigo Leopoldo Lugones, muerto 22 años atrás, sueña que éste vive pero, una vez despierto, explica: “Mi vanidad y mi nostalgia han armado una escena imposible. Así será (me digo) pero mañana yo también habré muerto y se confundirán nuestros tiempos y la cronología se perderá en un orbe de símbolos”. En el Prólogo a otro libro suyo de poemas confiesa sus hábitos: “ Buenos Aires, el culto de los mayores, la germanística, la contradicción del tiempo que pasa y de la identidad que perdura, mi estupor que el tiempo, nuestra sustancia, pueda ser compartido”. Y continúa: “Pater escribió que todas las artes propenden a la condición de la música, acaso porque en ella el fondo es la forma. La poesía sería un arte híbrido: la sujeción de un sistema abstracto de símbolos, el lenguaje, a fines musicales. Los diccionarios tienen la culpa de ese concepto erróneo. Suele olvidarse que son repertorios artificiosos, muy posteriores a las lenguas que ordenan. La raíz del lenguaje es irracional y de carácter mágico. La poesía quiere volver a esa antigua magia. Sin prefijadas leyes, obra de un modo vacilante y osado, como si caminara en la oscuridad. Ajedrez misterioso la poesía, cuyo tablero y cuyas piezas cambian como en su sueño y sobre el cual me inclinaré después de haber muerto”.
Sobre su Poética: “La doctrina romántica de la Musa que inspira a los poetas fue la que profesaron los clásicos; la doctrina clásica del poema como una operación de la inteligencia fue enunciada por un romántico, Poe, hacia 1846. Es evidente que ambas doctrinas tienen su parte de verdad, salvo que corresponden a distintas etapas del proceso. (Por Musa debemos entender lo que los hebreos y Milton llamaron el Espíritu y lo que nuestra triste mitología llama lo Subconsciente) En lo que me concierne, el proceso es más o menos invariable. Empiezo por divisar una forma, una suerte de isla remota, que será después un relato o una poesía. Veo el fin y veo el principio, no lo que se halla entre los dos. Esto gradualmente me es revelado, cuando los astros o el azar son propicios. Más de una vez tengo que desandar el camino por la zona de sombra. Trato de intervenir lo menos posible en la evolución de la obra. No quiero que la tuerzan mis opiniones, que son lo más baladí que tenemos”. Más maduro aún, nos descubre: “Al cabo de los años, he comprendido que me está vedado ensayar la cadencia mágica, la curiosa metáfora... Mi suerte es lo que suele denominarse poesía intelectual. La palabra es casi un oxímoron; el intelecto (la vigilia) piensa por medio de abstracciones, la poesía (el sueño), por medio de imágenes, de mitos o de fábulas. La poesía intelectual debe entretejer gratamente estos dos procesos”.
Debemos de acabar: “Cada lenguaje es una tradición, cada palabra un símbolo compartido... La literatura no es otra cosa que un sueño dirigido”. ¿Quién puede callar cuando se habla de Borges…? “Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso”.
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Juan Felipe Simón
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