Borges y las letras hispanas
14.05.08 @ 09:00:00. Archivado en Literatura
Nace, Jorge Luis Borges, el 24-8-1899 en Buenos Aires y crece en el barrio de Palermo: “en un jardín, detrás de una verja con lanzas, y en una biblioteca de ilimitados libros ingleses”. Desciende, de padre y madre, de hombres que lucharon por la independencia argentina. Su padre, abogado y profesor de psicología, da sus cursos en inglés. Es bilingüe desde su infancia y aprenderá a leer en inglés antes que en español por influencia de su abuela paterna, nacida en Northumberland (Australia), que ha enseñado el inglés a su hijo y luego a su nieto Georgie, como es llamado en casa. A los 7 años escribe en inglés un resumen de la mitología griega; a los ocho un cuento, inspirado en un episodio del Quijote; a los nueve traduce del inglés un cuento de Oscar Wilde, que es publicado en un periódico.
En 1914 viviendo con su familia en Ginebra, cuenta 15 años, inicia el bachillerato. Allí aprende francés, latín y, por su cuenta, alemán. Por los años 1919/20 están viviendo en España: Barcelona, Mallorca, Sevilla y Madrid. En Sevilla inicia Borges su vida literaria. En Madrid asiste a la tertulia de R. Cansinos-Assens (1883-1964), poeta y traductor que será su maestro. También conoce a R. Gómez de la Serna. En este tiempo lee mucho a Quevedo, Góngora, Villarroel, Unamuno, Manuel Machado.
En 1923, antes de iniciar su segundo viaje a Europa con su familia, publica su primer libro, de poemas: Fervor de Buenos Aires. Ya en España, visitan Palma y Sevilla, se instalan en Madrid. En 1924 regresan a Buenos Aires. En 1963 dicta conferencias en Europa, incluida España. En 1970, una Autobiografía suya, en cuya redacción participa, se publica en inglés y no autoriza su traducción al español. Nuevas conferencias, 1973, en Madrid. En 1980 recibe, junto a Gerardo de Diego, el Premio Cervantes. En el verano de 1983 participa en la Universidad Menéndez Pelayo. En 1985, un año antes de morir en Ginebra con casi 87 años, publica su último libro, también de poemas: Los conjurados.
Resumida su relación con España, veamos la que mantuvo con su literatura. Dice Pere Gimferrer en el Prólogo a sus, incompletas, Obras completas: “Nombrar a Borges es, en todo caso, nombrar un destino: antes de escribir una línea ―nos dice― “supe que mi destino sería literario”. En una discusión familiar sobre literatura Borges, con una cómplice, corrigieron a mano un libro de Azorín cuando, siguiendo a Gimferrer: “si existe un escritor parecido a Azorín es, precisamente, Borges. Como Azorín, Borges escribe literatura sobre la literatura”.
No le tienta, no, el paisaje de fondo de los clásicos castellanos. Insiste en que leyó por primera vez el Quijote en inglés, aunque un próximo, Emir Rodríguez, lo puso en duda. No obstante, según su prologuista, “Borges es un momento, inconcebible sin él, de la historia de la expresión literaria en castellano”. En su Prólogo a Fervor de Buenos Aires, en 1969, se compara con el Borges que publicó ese libro en 1923. Dice: “los dos descreemos de las escuelas literarias y de sus dogmas, los dos somos devotos de Schopenhauer, de Stevenson y de Whitman... me propuse remedar ciertas fealdades, que me gustaban, de Unamuno”. Insiste: “Schopenhauer, De Quincey, Stevenson, Mauthner, Shaw, Chesterton, Léon Bloy, forman el censo heterogéneo de los autores que continuamente releo”.
Y en otro lugar: “Alguna vez me atrajo la tentación de trasladar al castellano la música del inglés o del alemán; si hubiera ejecutado esa aventura yo sería un gran poeta, como aquel Garcilaso que nos dio la música de Italia, o como aquel anónimo sevillano que nos dio la de Roma, o como Darío, que nos dio la de Francia”.
Definitivamente, confiesa en un irónico Epílogo a sus Obras completas: “No acabó nunca de gustar de las letras hispánicas, pese al hábito de Quevedo (a quien considera un gran escritor verbal: la palabra no como medio, sino como fin, como lo intrínseco)... Esta novela (el Quijote) fue una de las pocas que merecieron la indulgencia de Borges (porque, como Alonso Quijano, no salió nunca de su biblioteca)”. Poco antes es capaz de recordar a fray Luis de León como “el mayor poeta español”, y citar su famoso Vivir quiero conmigo, que Poe sabía de memoria, como ejemplo de poesía intelectual. ¡Qué casualidad! Siendo el Arquetipo Lector, o por eso mismo, es un incorregible escritor verbal y un voluntarioso poeta intelectual (la vía media entre el intelecto/la abstracción y el sueño/la magia).
Suficiente para ser recordado y previsto, suficiente para ser eterno.
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Juan Felipe Simón
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