Del Poder Judicial
31.03.08 @ 09:00:00. Archivado en Política
Es uno de los tres poderes ―también son o deberían ser contrapoderes― del Estado moderno, junto con el Ejecutivo y el Legislativo. Así en el Art. 117 de nuestra Constitución: “La justicia emana del pueblo y se administra en nombre del Rey por Jueces y Magistrados integrantes del poder judicial, independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley”.
Como espectador podríamos decir que nuestra ―últimamente tan vilipendiada― Carta Magna proclama solemnemente la independencia de la justicia, única administradora en la sociedad de tan altísimo bien; un bien tan claro y necesario que emana del pueblo como el agua del manantial y que, para salvaguardar tan excelsa tarea, sólo rendirá cuentas ante el imperio de la ley. Pero no pocas veces al ciudadano le ofrece serias dudas esta privilegiada misión encomendada a los jueces y magistrados.
La justicia, que se administra en nombre de la primera magistratura del Estado que es el Rey, ¿revierte siempre en el pueblo, de cuya fontana emana, incluso en los ciudadanos de a pie? No es esa la impresión de buena parte de los espectadores. No es que la justicia no goce de fervor popular, no, es que no cae ni simpática, y esta visión no es de ahora, no es un hecho de los últimos años, no podemos achacárselo sólo a la grave politización, a la instrumentalización que está padeciendo, en buena parte por voluntad propia de jueces y magistrados, el poder o sistema judicial español.
El poder judicial, al que pertenecen desde el Ministro de Justicia hasta el más humilde funcionario, no es que se haya equivocado estrepitosamente en el caso de la niña Mari Luz de Huelva, ni en tantísimos otros más y menos conocidos, porque no viene al caso hacer ahora una relación de crasos errores judiciales, lo peor es que la opinión que la ciudadanía tiene de la Justicia, digámoslo ya como se merece, con mayúscula, no mejora con el tiempo, pues la tendencia se diría que ha empeorado en los últimos lustros. ¿Podemos preguntarnos por qué?
Cree este espectador que casi nadie se toma en serio ― ¡mientras no me toque! ― la magnitud, la trascendencia de la misión que ostenta el poder judicial, cuyo desempeño encarnan finalmente jueces y magistrados. Claro que tienen derecho a equivocarse, como todas las personas. Precisamente por eso el sistema judicial ha de disponer de las personas, de los medios, de los mecanismos que la hagan más eficaz, más rápida, más ciudadana, en suma más justa, que ese es su casi sagrado objetivo.
No creemos que en el sistema judicial estén todos los que tienen que estar, y menos aún que deban estar todos los que ahora están, comenzado por el actual Ministro y pasando por el Fiscal General del Estado, que ya han dispuesto de tiempo para demostrarnos su decadente visión de la Justicia. Muchas personas e ideas han de cambiar dentro y fuera del poder judicial, para que los resultados de su trabajo y su prestigio alcancen el nivel merecido. Dentro del sistema judicial habría que abrir las ventanas para eliminar un corporativismo anacrónico con tufos medievales, para extirpar la estúpida creencia de superioridad que ostentan casi todos sus integrantes y que penetre el buen aire de lo que son, personas que trabajan a sueldo de la ciudadanía y en pro de ella. También opina este espectador que deben acudir en auxilio del sistema judicial español modernos y eficaces métodos de trabajo, que impliquen a todos sus componentes, ya sean jueces o funcionarios.
Desde fuera del sistema judicial, los dos principales problemas que observamos son la creciente manipulación de las principales instituciones, judiciales y jurisdiccionales, tanto por parte de los grupos políticos como de otros grupos de presión, que al desvirtuarles su propia naturaleza las corrompen, las prostituyen, las anulan. ¿Y qué decir del pueblo, del que emana la justicia, del que vive el poder judicial y los otros dos poderes del Estado, del que recibe esos míseros, tardíos y degradados frutos que la justicia con minúscula viene ofreciendo? ¿Qué hace el pueblo por alcanzar, por conseguir una ajustada justicia y no la de ahora?
Este espectador cambiaría un justo Ministro de Justicia por el resto del gabinete ministerial, incluido el mismo Presidente del Gobierno… Si acaso lo acompañaría con un educado Ministro de Educación, que trocaría en este caso por el Congreso de los Diputados y por el Senado de los últimos 4 años. Sí, sólo esos dos tipos de Ministros frente a la mediocridad que nos acosa y nos viene gobernando.
Posdata. “Cuando es más corrupto el Estado hay más leyes”: Tácito, orador e historiador romano (c. 55 - c. 120). “Menos mal hacen los delincuentes que un mal juez”: Francisco de Quevedo, insigne escritor de nuestro Siglo de Oro (1580-1645).
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Juan Felipe Simón
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