¿Santa Semana?
21.03.08 @ 09:00:00. Archivado en Sociedad
La Semana Santa de hoy ni es semana ni es santa. A los tres días de trabajo para los pocos que faenan, se opone una semana extralarga ya de ocio ya de negocio. El antiguo fervor procesional, destilado por el alambique de la nueva sociedad, va decantando una liturgia descaradamente laica y, como antes se decía del agua, incolora, inodora e insípida. La Semana Santa de hoy se mide por los préstamos solicitados para vacar, por el índice de las plazas hoteleras ocupadas, por el alto número de accidentes de tráfico sucedidos. Ni los propios agricultores para sus cosechas miraron tanto al cielo, como ahora se mira, implorando al buen dios que no llueva, para que no mermen la trashumancia de personas, las reservas de hoteles, las revisiones de vehículos en los talleres y las breves y costosas paradas en las gasolineras.
Treinta, cuarenta años bastaron para esa transformación de la Semana Santa de antaño que era, digámoslo ya, terriblemente aburrida, superficial, aliñada de infundados temores y compromisos, porque te veías obligado a un recogimiento aparentado, a unos actos religiosos monocordes y plúmbeos, a una comunión con la historia sagrada, y sus principales protagonistas, no por mucho repetida racionalmente asimilada. Los bares cerraban cierto día, a determinadas horas durante de esa semana. Ciertos espectáculos, músicas y diversiones estaban vedados. Predominaban en la radio y televisión de entonces la seriedad, la religiosidad, la música sacra, la oscuridad, el rebuscado decoro. La música de las radios en casas, bares y barberías no podía sobrepasar el límite que marcaba una costumbre espartana. Eran días de incienso, sopor e indiferencia.
No sabemos cómo será la Semana Santa dentro de otros treinta años, pues continuará moldeándose con el rodar de las costumbres. Pero entre aquella desganada Semana y ésta, me quedo con la de ahora. Bien está el recogimiento y la devoción para el que los quiera, pero dejen que la gente piense y actúe, en lo personal y en lo social, como les apetezca, mientras no delincan, mientras no se metan con nadie. Allá el que quiera prisas, préstamos, escapadas. Al fin y al cabo sólo es una semana más de las conforman todos los años. Quizás, para evitar lo negativo que pueda suponer la Semana Santa de hoy, habría que pensar en vivir más, de otra manera, cada día del año. Así, todos los días tendrían algo de Semana Santa, de festivo, de vacaciones. No siempre ha de ser Semana Santa porque nos lo diga un calendario.
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Juan Felipe Simón
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