La primavera de Rosa
14.03.08 @ 09:00:00. Archivado en Política
La primavera ha venido y nadie sabe cómo ha sido, salvo ella, y Savater, y Buesa, y unos cuantos jardineros más que se dieron, en estas áridas y resecas tierras del actual pensamiento político español, en conjurarse para alumbrar un jardín en este país de infieles. De infieles al aroma de las reformas, al recuerdo del espíritu de la transición política, al diálogo como antagonistas políticos y no como enemigos personales, a la separación de los tres poderes, al reconocimiento de otras ideas aunque no sean las de uno, a las propias siglas del partido, a reformar de manera consensuada la Constitución, la ley electoral y cuantas se necesiten para refrescar el ambiente, a un horizonte más comunal y menos parcelario, en fin, de infieles hasta con el propio lenguaje, hasta consigo mismo.
Ya zigzagueó el obstinado tronco hasta lamer la luz, he ahí el capullo alumbrando su flor, sólo una, una rosa, única, sin par, inimitable, fragante, irrefrenable, madre de rosas, he ahí un nuevo camino de rosas y de espinas, pero nuevo, camino nuevo y distinto, orillado por sendas hileras que conducen, entre atrevidas fragancias, hacia un horizonte por descubrir, otra perspectiva, otra solución, otro desenlace.
¿Quién si no ella, si no esos pocos hubieran sido capaces de conseguirlo? Ahí está su primer diputado, nacido niña. El primero tras escasos meses de embarazo, sietemesino. A este paso, con esos nuevos aires, con esa frescura, con ese saber decir, estar, defender sus ideas, que son las de tantos, dentro de 4 años, o menos, quién dice que no serán 12 ó 14 niños y niñas más. Están, estamos sembrando un nuevo partido, otra idea de estar en política, de hacerla, de desenvolverse en ella, de mirar al otro español, de pensar en los demás además de en uno mismo. El partido de Rosa puede ser el sostén, el equilibrio que necesitan los dos soberbios partidos nacionales y los incansables pedigüeños periféricos.
Quizá estemos, gracias a esta Agustina ibérica, comenzando a ver a España de otro modo y no como siempre, por delante y por detrás pero no al revés, con nuestros propios ojos y no a través de los ojos de los demás, aunque sean de allende las fronteras. Quién dijo que lo foráneo, que lo extranjero no es bueno, pues claro, pero lo nuestro, nosotros, podemos ser iguales o incluso mejores, como también, a veces, hemos sido peores.
Rosa, jardinera, paisajista, se ha inventado un oasis en mitad de este erial. Ha deposito su gracia, la ha regado con su aliento, ha germinado y su perfume ha comenzado a esparcirse por las sofocantes tierras de España. Ahí está contaminando a tanto político egotista, elitista, partidista, clientelista.
La primavera ha venido y nadie sabe cómo ha sido, salvo Rosa y los suyos. Pero no nos quedemos aquí mirando, echémosles una mano. Plantemos España de rosas aun con espinas. Una rosa es una rosa, nunca te engaña, un político es un político, por eso no es una rosa. Salgamos a la calle y disfrutemos de esta primavera. No será fácil encontrar otra rosa como esta, ni siquiera en el extranjero.
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Juan Felipe Simón
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