Génesis y desarrollo del régimen de Chaves
05.03.08 @ 09:00:00. Archivado en Andalucía, Política
El pasado 28 de febrero, con motivo del Día de Andalucía, apareció en El Mundo de Andalucía un interesante suplemento que pretendía sintetizar mediante una reflexión crítica los casi 30 años de supremacía del PSOE en Andalucía y los 18 de Manuel Chaves como presidente de la Junta de Andalucía, si bien su destino político en Andalucía comenzó en 1977 como Diputado por Cádiz. Los firmantes del suplemento, autoridades, escritores, periodistas, profesores, especialistas conocidos, han tomado el prisma andaluz, han tratado de envolverlo con sus miradas y nos han reflejado con sus plumas temas tan diversos e importantes como la cuestión autonómica, la cohesión territorial, su administración pública, la sanidad, el urbanismo, la cultura, su imagen externa, las comunicaciones, la agricultura, la inmigración, la educación, la televisión pública, los fondos europeos, la industria y el empleo, el bienestar social, la justicia, la investigación y el medio ambiente. Algunos de ellos en particular son muy ilustrativos.
Pero no trataremos ahora sobre ninguno de ellos. Últimamente se leen, se oyen expresiones que de uno u otro modo ligan el concepto “régimen” con Chaves como dirigente político, pero de un lugar concreto, llamado Andalucía, con un cargo determinado, presidente de la comunidad autónoma, y con una duración inusual en los sistemas democráticos occidentales, 18 años, que pretende seguir ampliando, por ahora, a 22. Como el asunto es controvertido y se presta a opiniones e interpretaciones diversas, me van a permitir que les reproduzca, siquiera parcialmente, la participación en dicho suplemento del escritor José Acosta, titulada Poder Andaluz, quizá nos ayude a resolver algunas dudas. Veamos:
«El clientelismo político sirve a dirigentes y oligarquías de partidos gobernantes para asegurar y ensanchar las bases de su poder mediante su dominio de las instituciones, empresas públicas y medios de comunicación públicos. El poder dominante proporciona por esos conductos a sus clientelas el acceso a los grandes recursos que controla, quebrantando la democracia y el patrimonio común, a cambio de votos. Por ello, la madre de todas las bases que sostienen al poder por vía clientelar es la electoral: son los votos los que lo ratifican, o no. El día de las elecciones las urnas son como un lago al que desembocan todos los ríos y arroyos de las diversas clientelas del partido dominante. Y el objetivo supremo del patrón de estas redes es lograr el absolutismo parlamentario y ejecutivo que da la mayoría absoluta. En cada comicio se consuma el intercambio: el partido cobra en votos los beneficios, ventajas, prebendas y satisfacciones que durante la legislatura ha dispensado a sus clientelas…
Lo peor es que se trata de un fenómeno tan corrosivo para la democracia y la libertad como ignorado en su naturaleza y envergadura, en particular cuando, como ocurre en Andalucía, acompaña al sistema de gobierno desde su cuna, y está tan enraizado, crecido y ramificado que casi se confunde con el funcionamiento de las instituciones. Entreverado al tejido social, el clientelismo tiende a ser endémico. Y aquí la tendencia está culminando, tras más de 25 años con el mismo partido en el poder y 18 con el mismo presidente en la Junta. La primera clave para desenmascarar esa enfermedad civil es la histórica….
El clientelismo anejo a las mayorías absolutas del PSOE aquí y a la sucesión de mandatos de Manuel Chaves desde 1990 tiene sus raíces en el papel que jugaron en España, durante la transición y hasta el final del siglo, el PSOE y el territorio andaluz. Uno y otro, respectivamente, como vehículo y principal espacio del nuevo clientelismo político en España. La explicación está en la Europa Occidental que se construye tras la II Guerra Mundial. Antes de ella, el clientelismo político de partido sólo está arraigado, en sus formas primarias, en las pseudodemocracias latinoamericanas, siendo su paradigma el PRI mexicano, tras corromperse la revolución agraria de 1917. En Europa, en la meridional sobre todo, sólo existía corrupción electoral caciquil, clientelismo tradicional en el que el patrón era de carne y hueso, no el patrón orgánico y complejo del moderno clientelismo político…
El país en que surge tal maquinaria es la Alemania Federal, tras su “milagro económico”, y como pieza de la estrategia de los Estados Unidos contra los partidos comunistas occidentales durante la Guerra Fría…Desde esas matrices germanas, el nuevo tipo de clientelismo político se desarrolló como un instrumento internacional, en particular de cara a las dictaduras europeas en estado terminal. Por ello aparece en España durante la Transición y toma cuerpo antes y tras las dos enormes mayorías absolutas del PSOE en las elecciones dobles de 1982, andaluzas y generales. El fenómeno sale a la luz pública dos años después. En 1984 se descubre en Alemania Federal…que una parte de los fondos que recibió el SPD de la multinacional Flick los había destinado a subvencionar al PSOE. Felipe González lo negó en el Congreso. Pero la Fiscalía alemana probó en 1990 que en torno a 22 millones de marcos habían sido empleados por el poderoso partido alemán para financiar a los partidos socialistas español y portugués. Después estallarán los sucesivos casos de financiación ilegal del PSOE…
Al mismo tiempo, las condiciones en que se montó el aparato burocrático de la Junta de Andalucía, desde 1982, fomentan el cultivo del clientelismo político a favor del PSOE en los terrenos de la Administración autonómica. Hay “un contexto institucional altamente politizado, donde la mayoría absoluta mantenida por el PSOE en las elecciones de 1982, 1986 y 1990 configura un encuadramiento del personal burocrático singularizado por procesos de selección clientelar…Un estudio de la empresa Metra-Seis en el año 1994 señalaba que sólo el 17% de los funcionarios de las consejerías y servicios centrales de la Junta accedieron a su puesto mediante oposiciones; el 31% del personal consultado accedió a la Administración autonómica mediante nombramiento interno, y el 24% a través de transferencia de otras administraciones”; se trata de “una clase burocrática en cuyo reclutamiento han proliferado los procesos clientelares” (Porras Nadales, A., La Administración andaluza entre modernización y clientelismo, Autonomies, Barcelona, 1994, 2 y 6)…
Ese clientelismo genera a mediados de los 90 “una excesiva proliferación de funcionarios autonómicos, la máxima proporción del territorio nacional, con 28,7 empleados de la Junta por cada 7.000 habitantes, una de cada ocho personas trabaja para la Administración regional. Las cifras de otras comunidades eran inferiores. La extensión u otra característica de Andalucía no parecen justificar la alta ratio citada” (José Cazorla, El clientelismo de partido en España ante la opinión pública, Barcelona, 1994, punto 5)…».
¿Vamos viendo cómo nace, crece y tiende a perpetuarse el llamado régimen chavista, y por comunión el régimen del PSOE…?
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Juan Felipe Simón
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