La extinción del lector
03.03.08 @ 09:00:00. Archivado en Sociedad
Hace unos días leíamos en las páginas de cultura de un diario una entrevista a Philip Roth, 74 años, escritor estadounidense considerado uno de los mejores literatos del S. XX en su país, con motivo de la publicación de su última obra Sale el espectro, antes había publicado 28 novelas. Una de las más recientes, El animal moribundo, acaba de trasladarla al cine Isabel Coixet, con Penélope Cruz de coprotagonista. La entrevista es sabrosa, interesante, quizá porque ambos, entrevistador y entrevistado, pretendían salir de la rutina periodística y ejercer cada cual su oficio: el uno extraer la imagen personal y literaria de un autor; el otro responder sinceramente desde la cima de su experiencia.
Durante la conversación Roth nos va salpicando con frases como “Hace tiempo pensaba que la muerte es injusta. No esperaba que mis amigos murieran. Pero poco a poco te vas haciendo a la idea…”. O “nadie puede huir de la historia, ni siquiera George W. Bush”. Continúa el periodista con la política de su país y a la pregunta de “¿Con cuál de los dos candidatos demócratas se queda?”, le responde: “Ha legado un momento en que no me importa que sea uno u otro. Hillary Clinton me parece una mujer inteligente, y Barack Obama es un joven que causa muy buena impresión. Los dos son producto de la revolución social que este país experimentó en los 60 y que permitieron los avances de las mujeres y los derechos de las minorías”. Otra vez la política actual: “Dijo en cierta ocasión que el presidente Bush «es incapaz de gestionar una ferretería», pero no se ha distinguido especialmente por sus críticas…”, pero Roth se justifica como el común de sus paisanos: “Digamos que soy un ciudadano americano: voto, leo el periódico, tengo mis opiniones, hablo con mis amigos, pero no siento la necesidad de expresarlo en público”.
Se acerca lo que nos parece más interesante: “En Sale el espectro ―ahonda el periodista― usted hace una concesión a la nostalgia cuando recuerda: «Hubo un tiempo en que la gente usaba la literatura para pensar»…”. Y responde Ruth: “Es cierto. Y ese tiempo no volverá. La literatura tiene cada vez menos impacto, Pienso que en 20 ó 30 años las novelas serán como lo que hoy es la poesía: un objeto de culto”. “¿Vaticina usted la muerte de la novela ―inquiere el entrevistador―?”. Y aquí llega la respuesta que me inquietó: “No, siempre habrá novelas, mientras haya novelistas…Lo que vaticino es algo muy distinto: la muerte del lector. Desde que arrancó la cultura visual, con el cine y la televisión, las pantallas se van multiplicando. Y hay que reconocerlo: la pantalla es más estimulante que el libro. El libro exige concentración, paciencia, tiempo, actividad mental. Los libros requieren lectores devotos, pero la audiencia está cada vez más distraída”. Remata después el escritor: “Ya le digo: la novela quedará como un arte minoritario”.
¿Qué me dicen ustedes? ¿No les impresiona la posibilidad de que dejen de haber lectores tal como los conocemos hoy? Personas que se acercan a su librería preferida…, si bien cada vez hay menos librerías y más grandes almacenes e Internet. Personas que compran, después de hojear varios, el libro que más les agrada…, aunque las editoriales y su bombardeo publicitario ya se encargan de que se compren “los más vendidos”, “lo último publicado” y no lo que más nos pueda interesar. Personas que se arrellanan en el lugar más tranquilo de su casa, fuera gente y ruidos de alrededores, y se dispone a sumergirse dos, tres horas seguidas en silenciosa conversación..., no obstante cada vez hay menos lugares tranquilos en las casas, exentos de compañía y de jaleos, y menos tiempo de dedicación (aunque los días siguen teniendo 24 horas) a la lectura.
Ahora que lo pienso, no va tan descaminado el escritor norteamericano. Es más, salvo el esfuerzo del negocio editorial como ahora lo conocemos, también me parece que la novela va muriendo (la poesía casi expiró), y el ensayo, y la historia, y todo lo que no estimula mediante imágenes a las gentes de hoy. Pensar va siendo inusual, anticuado.
Lo peor no es que esté muriendo ya el lector, ni que desaparezca en un futuro no muy lejano, como les ocurre a otras especies. Lo más espeluznante es ¿qué metamorfosis sufrirá el hombre cuando cese en semejante actividad intelectual? ¿Seguirá siendo el hombre como ahora lo conocemos? Seguro que no. Probablemente se convierta en un ente teledirigido, más robotizado que pensante, cautivo de quienes manejen los hilos audiovisuales. Quizás ese proceso ya ha comenzado y no queremos apercibirnos de ello.
Sorprendentemente, cuando la lectura ha logrado universalizarse la imagen ha comenzado a arrinconarla… ¿En qué se transformará el hombre lector…? ¿En qué nos está convirtiendo la imagen…?
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Juan Felipe Simón
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