España para escépticos
25.02.08 @ 09:00:00. Archivado en España
Acabamos de leer Historia de España contada para escépticos, Planeta Booket 2007, obra del historiador y prolífico escritor Juan Eslava Galán, Arjona (Jaén), 1948. El propio título nos alumbra, desde el umbral, lo que hallaremos en su interior: un relato ordenado y verosímil de acontecimientos ocurridos en España, desde su génesis hasta hoy, referido para quienes todo lo examinan, para quienes no creen, solamente por creer, en ciertas cosas, o sea, para poca gente. Podría decirse que su escéptico autor nos ha ido revelando, en voz alta, su personal reflexión sobre España y lo español.
En el prólogo a su cuento, de algo más de 450 páginas, nos advierte el autor: “No pretendo escribir la historia que escribiría el pueblo, que el pueblo es ágrafo por naturaleza, sino más bien una historia de España contada a los escépticos que no creen en la historia de España. No voy a decir que es veraz, justa y desapasionada, porque ninguna historia lo es, pero por lo menos no miente ni tergiversa a sabiendas, que ya es bastante en los tiempos que corren”. Después de esa confesión, sincera y realista, a uno le entran más ganas de adentrarse en la aventura.
Uno conocía total o fragmentariamente algunas historias de España, desde las parciales e interesadas del franquismo hasta otras más objetivas y menos apasionadas, no obstante esta de Eslava, además de amena y dinámica, te ofrece nuevos destellos, otras luces y sombras que te van acercando al concepto global de España, porque la verdad no existe si no es comprobable desde la infinitud de perspectivas posibles, lo cual es humanamente improbable, de ahí que la Verdad, con mayúscula, como otros valores humanos, sólo sea aspiración, desiderátum.
Desde los 103 capítulos, ágilmente escalonados, su autor nos va enfocando tonalidades insólitas, diferentes, grisáceas, poco conocidas, pero no por ello menos esenciales para la comprensión de la realidad histórica llamada tan tempranamente España. “No está hecha ―se refiere el autor a su historia― para halagar a reyes y gobernantes, ni pretende halagar a los banqueros, ni a la Conferencia Episcopal, ni al colectivo gay, ni a los filatélicos, ni a los sindicatos. El autor ni siquiera aspira a merecer la aprobación indulgente de los críticos…se deja llevar por su curiosidad e indaga en las vidas de los poderosos…porque está convencido de que una de las miserias determinantes de nuestra historia es que el errático y a menudo patético rumbo de España ha sido determinado por gobernantes incompetentes y tarados”.
Hasta ahí podemos estar de acuerdo con el historiador novelista, pero no con el irrespirable pesimismo sobre España que le ahogaba antes y después de contarnos su historia. Ya en el prólogo nos anuncia que “Ahora, cuando asistimos a la liquidación por derribo de esta inhóspita posada que llamamos España (a la que algunos, sin embargo, amamos tanto, a lo mejor por sus defectos y carencias…”. Como la pena le ahoga, acaba el sufriente autor su relato con esta grave sentencia: “Dijo Cánovas que «español es el que no puede ser otra cosa». Parece, escéptico lector, que ya vamos siendo otras muchas cosas que acabarán por excluir a España. Aunque siempre le quedará un sitio en los libros de historia a este país…”
¿Qué les parece? ¿Exagera el herido autor o quizás sólo pone el dedo en la llaga? Siendo su tesis, la de Eslava, digna de tenerse en cuenta, prefiero sin embargo la del pensador no hace mucho fallecido José Antonio Jáuregui, quien en su libro España vertebrada, Belacqva 2004, recibió esta conformidad de un policía español cuando se disponía a emprender viaje a un lugar alejado de España: “No se preocupe usted; los españoles llevamos varios siglos intentado destruir España y no lo hemos conseguido”.
A decir verdad, y aunque ambas tesis gozan de corpórea realidad, me inclino hacia la equidistancia de ambas, hacia la virtuosa mitad que nos mostró Aristóteles, aunque parezca tan difícil de conseguir. Quizá por eso perciba claramente a qué grupos políticos en las próximas elecciones no se deben votar, para lograr el equilibrio de ambas teorías, para que España continúe haciéndose: ni a este PSOE, ni a esos partidos satélites que le ayudan siempre a mantener y a mantenerse en el poder (Izquierda Unida, algunos regionalistas, etc.), ni a aquellos partidos independentistas, radicales, fascistoides que pululan por otras regiones, especialmente Vascongadas, Cataluña y Galicia.
Dice un refrán español: “No hay peor saber que el no querer”. Parece obvio que España será lo que los españoles quieran, pero no unos pocos sino todos los españoles. Ahí debemos incluirnos todos, desde el agudo policía de Jáuregui hasta el escéptico pesimista de Eslava.
¿Habrán caído en la cuenta los españoles…? Porque la situación española no permite ni el olvido ni la distracción.
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Juan Felipe Simón
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