De cuentos
17.01.08 @ 09:00:00. Archivado en Literatura
Me refiero a historias narrables y no a trápalas o engaños de ningún tipo. “Un cuento -nos ilustra Azorín- ha de ser narración breve. En esos términos angostos se ha de encerrar lo siguiente: exposición, desenvolvimiento y epílogo”. Pues bien, voy a tratar de transcribir con la mayor fidelidad posible uno sobre el mundo rural, ese gran desconocido del mundo urbano, siendo como ambos mundos son las caras complementarias e inseparables del irreductible universo.
Me atrevo a contarlo aquí porque “el cuento -y aquí concluye Azorín- es cosa moderna, nace con el periódico”. Procuraré exprimir mi magín recordando el que hace un tiempo le oí a mi amigo Brosian. El perro y la yegua me parece que lo tituló. Después de todo, apostilló Brosian y bien recuerdo este detalle, sólo se trata de un cuento en quince líneas...
“La yegua vivía en un naranjal abandonado pero espacioso. Entre los naranjos y alrededor de ellos las yerbas y las flores crecían generosamente. Era joven, agrisada, podría llamarse Sole. El perro, Ale, vivía en una casa del campo con su dueño. A ambos les encantaba pasear. Ale era un cachorro de pastor alemán, algo peludo, muy juguetón.
Recuerdo la primera vez que ocurrió. Ale y su dueño paseaban por el camino. Por ambas márgenes se extendía un campo desanimado aunque alegre. Ale, como hacía siempre, se quedó fijo mirando el otro animal. Sole, apenas se percató, hizo lo mismo. Se miraban, alejados, a través de una cerca de alambres. Ale, agitado, se acercó a la valla y comenzó a ladrar. Al instante, Sole, incluso trabada por sus manos, corría esforzada a saltos desde donde pastaba para acercarse a la valla.
Cuando llegó Sole, Ale no cesaba de ladrarle, de brincar, de intentar atravesar la verja. Sole ni se inmutaba: gozaba viendo y oyendo a Ale, y también intentaba unirse a él. Este encuentro se producía cada vez que Ale paseaba por allí. ¡Qué terrible debe ser la soledad! ¡Qué sabia y bonita es la Naturaleza!”
Ignoro si el relato lo extrajo mi amigo Brosian de la vida real o de la contemplativa, aunque conociéndole quizá sea una experiencia vivida: también la soledad atañe a los animales pues no en vano, aunque ruda, ellos poseen su ánima. Por otra parte, no sé si consiguió Brosian lo que un día le oí decir a Fernando Savater: “El cuento es la forma elemental y perfecta de la literatura”. A mí, desde luego, no me desagradó, y no tanto por su contenido como por la forma de expresarlo, mas esa facultad, qué más quisiera yo, no soy capaz de interpretarla para ustedes. Solicito, pues, el favor de vuestra imaginación, si es que aún no se me han ido.
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Juan Felipe Simón
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