Homenaje a Ángel González
15.01.08 @ 09:00:00. Archivado en Literatura
Hace unos años escribí un comentario a su libro Lecciones de cosas y otros poemas. Por lo que disfruté leyéndolo, quisiera reeditarlo tal como aquella vez. Porque anteayer dejó de escribir y ya siempre será poeta.
«Así titula Ángel González (Oviedo, 1925) una selección de sus poemas (que es una ampliación y puesta al día de la antología que con el título de “Poemas” se editó en 1980) publicada y realizada por él mismo en Círculo de Lectores, 1997. En la antología, bastante copiosa, se recogen poemas desde su primer libro Áspero Mundo (1956) hasta el último que tenía publicado entonces, Deixis en fantasma (1992), incluso adelantándose al tiempo ya incluía en esa completa relación un anticipo de lo que sería su próximo libro, recientemente publicado, De otoños y otras luces.
En el prefacio AG tiene la generosidad de explicarnos, a modo de “Poética”, cómo se gestaron los diferentes libros que componen la selección y por qué escribe esa concreta poesía. Parte de una oposición a los críticos más formalitas: “el poema es un texto que se expresa a sí mismo con independencia de las intenciones del autor y de la situación en que fue escrito”. Porque AG piensa que “el autor puede ser también lector de sí mismo, y que de hecho lo es siempre”. Sobre la base, pues, de dos elementos que ese tipo de críticos suele despreciar: las intenciones que mueven al autor a escribir y la situación en que la escritura se produjo, AG nos va contando cómo “el arte no tiene que ser siempre producto de la casualidad, de una situación concreta o de una intención más o menos consciente”.
La situación histórica en que AG escribe su poesía es: “las tensiones sociales que la República puso en evidencia, la revolución asturiana de 1934 y la guerra civil, los acontecimientos más sobresalientes que jalonaron su infancia. La posguerra fue el escenario de su adolescencia y juventud”.
En cuanto a sus intenciones declara AG las “de aproximarse a la realidad, el gusto por la obra bien hecha, casi artesanalmente trabajada, y la de escribir desde sus experiencias, sobre lo cotidiano, de la vida en la ciudad”. También confiesa que “todos mis libros han sido titulados y organizados a partir de un núcleo de poemas previos que permitían ver la intención que el título recoge”.
Otras notas distintivas de su poesía son su pesimismo inicial, aunque transitorio y desde luego justificado por su biografía, una ironía más impuesta que deseada, aunque resultó ser un hallazgo duradero en toda su escritura, y la nunca perdida creencia de “que la palabra poética, si logra alzarse hasta el nivel de la verdadera poesía, no es nunca inútil”.
Oigámosle para terminar en “Ya nada ahora”, del citado Deixis en fantasma: “Largo es el arte; la vida en cambio corta / como un cuchillo. Pero nada ya ahora / -ni siquiera la muerte, por su parte / inmensa- podrá evitarlo: exento, libre, / como la niebla que al romper el día / los hondos valles del invierno exhalan, / creciente en un espacio sin fronteras, / este amor ya sin mí te amará siempre”.»
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Juan Felipe Simón
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