El nombre exacto de las cosas
28.12.07 @ 09:00:00. Archivado en Política
A poco que nos detengamos recaemos en la cuenta del peligroso desliz que van tomando en España los principales asuntos sociales o políticos: el desprestigio de las instituciones (políticas, jurídicas, sindicales, empresariales), del gremio político, el ataque/vulneración casi diario a la Constitución, a la Justicia, la rivalidad o antagonismo sembrada y brotada entre las regiones, el desprestigio interior y exterior que va tomando lo español…, sin poder olvidarnos que vivimos en España. ¡Si ni sabemos, aunque algunos ruidosos periféricos realmente no quieren, nombrar a las cosas por su nombre! Pertenece al excelso poeta onubense, Juan Ramón Jiménez (1881-1958), la sabia sentencia “Inteligencia, dame el nombre exacto de las cosas”. ¡Ahora caigo! Si la inteligencia por estos pagos está en vías de extinción… ¿cómo íbamos a saber nombrar las cosas por su exacto nombre? Tuvo que ser un poeta, ¡atención!, nada anticuado y muy actual.
Es ya habitual en nuestro lenguaje político, de unos más que de otros, mayormente entre los esquizofrénicos / interesados nacionalistas, y dentro de estos de los más radicales, citemos por lo que ahora nos interesa al PNV, decir ambigüedades, anfibologías, un sí es no, un ahora pero después, en un intento (que para nadie debería ofrecer ya ninguna duda) de disimular, de contentar a todos, de tirar sin dar, en un intento, decíamos, de ganar tiempo, de permanecer años y años coartando la libertad de parte de sus conciudadanos, de atemorizar a sus no adeptos, de sembrar las más radicales e inexistentes diferencias.
ETA y su entorno, esto es, quienes los defienden, quienes los apoyan de palabra o de hecho, quienes los consienten, quienes los jalean, quienes no los llaman por su exacto nombre, TERRORISTAS, a pesar del normalizado estatuto social a que los encumbrado el presidente Zapatero al dialogar con ellos como si de una agrupación política democrática se tratara, llevando la cuestión incluso a personalidades e instituciones internacionales, ETA, decía, no ha dejado de coaccionar, amenazar, aterrorizar, matar durante la era Zapatero, tanto con terroristas adultos como con jóvenes, dentro y fuera de las provincias vascas, dentro y fuera de España, y tras el último gran atentado, ocurrido la noche del pasado 24 en Balmaseda, Vizcaya (desde que comenzó el periodo preelectoral Zapatero procura no mezclarse ahora con los que ha negociado y presumo que volverá a negociar si gana las elecciones en marzo), tras ese atentado, los voceros del PNV han llegado a igualar las víctimas de los atentados terroristas de ETA con los presos y familiares de los terroristas: ¿cómo debemos llamar, exactamente, a la gente del PNV y a sus afines?
El obispo de San Sebastián en cambio, Juan María Uriarte, sí habló más claro, no en vano se halla asistido por autonómica gracia divina. El 25, el día siguiente del atentado de Balmaseda, dicen que entre otras pronunció en homilía: “¿Cómo no llorar con los que han perdido un hijo en un accidente de carretera? ¿Cómo no ofrecer los servicios adecuados a las familias que sufren por una separación conflictiva? ¿Cómo olvidar a las centenares de familias guipuzcoanas que echan especialmente de menos a un miembro en prisión y a las que un nudo en la garganta les ha impedido cantar en la mesa navideña el “Ator, ator, mutil estera?…”. Porque al obispo Uriarte, inequívoco protector de tan incivilizadas ovejas, se le entiende todo, ¿cómo debemos llamar, exactamente, al pastor Uriarte y a otros pastores de las Vascongadas?
En cambio, no hizo falta interpretar, porque quiere que se le entienda todo, al veterano diputado socialista Joaquín Leguina, ex presidente de la Comunidad de Madrid. En declaraciones del día 26, dijo: “el Estado, como conjunto de instituciones que permiten a los españoles ser libres, se está fragmentando debido a las políticas territoriales que el Gobierno central ha llevado a cabo en esta legislatura y que han incluido, entre otras cosas, la revisión de los estatutos de autonomía”. A este respecto, aclaró “que la nueva «pasada» que se ha dado a los estatutos de autonomía tendría razón de ser si hubiera calmado los ánimos de los nacionalistas periféricos, pero en lugar de tranquilizarse los nacionalistas se han echado al monte de una forma descarada y asquerosa”.
También manifestó Leguina “no mantener ninguna relación con el secretario general de su partido y presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero”, y apuntó “que no formará parte de las listas del PSOE al Congreso de los Diputados de cara a las próximas elecciones, porque no está de acuerdo con la dirección del partido en determinadas cuestiones”. ¿Cómo debemos llamar, exactamente, al veterano socialista Leguina?
¿Podemos apreciar la diferencia entre quien quiere que se le entienda y quien (o quienes) quiere disimular, engañar, confundir, medrar al socaire de públicas manifestaciones?
Los poetas pueden equivocarse pero nunca engañan. Repitamos con el universal JRJ: “Inteligencia, dame el nombre exacto de las cosas”.
No permitamos que nos engañen más. A cada quien, a cada cosa, por su nombre.¡Pero exacto!
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Juan Felipe Simón
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