De naufragios e ilusiones
21.12.07 @ 09:00:00. Archivado en Sociedad
Aunque llevo ya algunos meses en esta isla, no recuerdo haber anotado en el diario qué significa un naufragio, ni tampoco qué sea propiamente un náufrago. Lo intentaremos. Un naufragio es la pérdida o rotura de una embarcación en cualquier tipo de aguas, pero el suceso es de tal magnitud que le impide al navegante volver a contar con la nave, quedando a la deriva sobre las procelosas aguas del destino. Y un náufrago es, por tanto, el que ha padecido esa desgracia o desastre. Ya tenemos entonces al náufrago, a resultas del naufragio, desvalido, angustiado, desorientado, en mitad de un océano, de una isla, o tratando de acercarse a cualquier cosa que, a su alrededor, flote o permanezca firme frente a los imparables vaivenes que le zarandean. Ya vemos al náufrago sobre alguna superficie flotante rescatada del naufragio o, con mayor fortuna, sobre la tierra firme de una isla, rodeado de luz, aire, sol y… ¡de un inabarcable mar!
¿Qué es ahora el náufrago? ¿En qué se ha transformado como persona? En realidad, entiendo, no hay tanta diferencia entre la condición actual del náufrago como persona y la de antes de obtener ese indeseable título. Uno de los elementos principales de la condición humana es su carácter "futurizo”, es decir, vectorial, conductor, dinámico, digámoslo de otro modo: el hombre, por naturaleza, tiene vocación de flecha, va del arco de su cuna a la diana de lo porvenir, a una situación siempre futura. Y este rasgo es excepcional, ya que el resto de los animales, los llamados “irracionales”, son lo que son porque carecen de toda perspectiva o futuro, porque son puro presente. Pues bien, si trasladamos ese principal carácter futurizo de cualquier persona a la persona de un náufrago, veremos que dicha cualidad en él se aprecia como al observarla a través de una lupa, esto es, aumentada de una manera descomunal. El náufrago no quiere ser presente, renuncia a todo lo que no sea ser flecha en busca de su diana salvadora.
Si comparamos una ojeada al futuro con una ilusión apreciaremos que ésta, la ilusión, lo que anhelamos, lo que deseamos, impregna totalmente cualquier mirada al futuro. La ilusión es el deseo de algo por llegar, aunque no se sepa cuando, pero que se desea cuanto antes. El náufrago es pues una persona ilusionada, la más necesitada de que su deseo se cumpla, la que más piropos le echa al incierto futuro. Fuera de la isla, en la vida real, también ha de ser lo mismo. La ilusión ha de ser la flecha imparable que es la vida. ¡Ay de aquel a quien se le agoten las saetas de las ilusiones! El futuro, el porvenir, la ilusión (en femenino, con más gracia y dulzura) es la trayectoria que a cualquier náufrago orienta hacia su irrenunciable objetivo.
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Juan Felipe Simón
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