El lenguaje de los retratos
14.12.07 @ 09:00:00. Archivado en Andalucía, Sociedad
De una recolección de fotos entre los habitantes de Jimena de la Frontera, Cádiz, editada magistralmente en 1993.
1891. En la torre del castillo aún se prende la mirada más añeja que de Jimena nos queda. Sus mujeres bajando el agua a cántaros de los aljibes y, como estatuas de sal en las cuatro esquinas, los cautivos espectadores de la cámara primera de la villa. En la enrejada calle San Sebastián, una mujer acaba de salir a ella desde cualquier casa mediterránea de la Edad Media. Mientras, una procesión espera a sus ángeles ante el portal del Convento de Nuestra Señora, y unos ojos oscuros, de cuando se servía en Cuba, nos miran fijos, perdidamente fijos, como queriendo traspasar sus vidas, por entre sus retinas, a este lado del entonces todavía negro y blanco mundo.
Las cunitas. Las cunitas son prodigios de memoria y sueño, son barquillas las cunitas rechinando al viento. ¿Queréis más...? Chin, tatachín, tatachín... desafiaban los agudos platillos y el ronco bombo mientras las cunitas crepitaban, en las sombras del estío, al calor de los más tiernos retoños de estos luminosos atardeceres nuestros.
Los rostros. Son rescoldos los rostros donde se atisban los fantasmas que surcan tras las mejillas. Hay semblantes, en océanos bañados, de alegría radiantes, de mirada intensa, y enfrente, como en otra trinchera, facciones de desconsuelo, de resignación, de pena, que tratan de ocultarse... ¡Lo intentan! Por los treinta las caras aparecían más cenicientas, más ásperas, presintiendo intolerantes alientos y madrugadas yertas: son la incertidumbre y el hambre de futuro quienes las sustentan. Mas mediados los cuarenta se relajan las facciones, se sonríen, se remansan como el río que en desembocando de las alturas reniega. El hombre, como parte insobornable de la Naturaleza, recela de las tinieblas, y cuando la mañana llega, aunque penoso haya sido el sueño, su aspecto se clarea y se enternece, como las albas en primavera tras los ojerosos túneles del invierno.
Los secretos. …Y esos retratos, alientos congelados en el tiempo, revelándonos costumbres, anécdotas, anhelos. Una eterna procesión, siempre la misma, desfila por el Convento luciendo los uniformes y las ropas del domingo. Los niños, curiosos y enclenques, son el suceso inocente de una nieve nunca vista, del rodaje de una peli y el rebose de una plaza llena de oles. Poco a poco desaparecían los brazaletes negros, los zapateros, los matarifes, las lavanderas del aljibe, la fábrica de gaseosas y casi los descorchadores... Sólo permanecen fieles la torre del malherido castillo, el aire que parece la sostiene y el lenguaje de esos retratos, palabras dormidas en el tiempo que se desperezan cuando se miran, que nos cuentan muy bajito, mientras caminamos junto a ellas, secretos en blanco y negro del castillo de Jimena.
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Juan Felipe Simón
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