Aprendiz
03.12.07 @ 09:00:00. Archivado en Sociedad
¿Quién soy yo? Esta pregunta, que alguna vez ya me rondó, asalta ahora con rostro sorprendido y amable a este náufrago. Esa pregunta, que abarca toda una manera de ser, de vivir, de sobrevivir, me persigue últimamente con sonrisa adolescente y entrecejo algo fruncido. Sentenció el sabio griego, como ideal de cada ser humano: “llega a ser el que eres”. Pero… ¿quién soy yo?, para poder alcanzarle, para acercarme hasta él.
De lo que se trata, me parece, no es de saber quién es uno a cada paso, a cada instante. Tampoco de saber quién será uno. Más que de una ciencia sobre el ser, sobre uno mismo, se trata de una intuición sobre lo que uno es, o puede llegar ser, que no siempre se puede ser lo que se quiere. Y una vez intuido, entrevisto lo que uno puede ser, echar mano de la vocación y, entre ambos, entre el proyecto de lo que uno cree que es y la necesidad de desarrollar ese proyecto, entre ambos digo, andar cada paso de nuestra existencia en pos de esa casi inalcanzable meta. ¿Y si no puedo saber bien quién soy yo? ¿Y si adivinado quién soy yo no soy capaz de atisbar el camino para llegar hasta él…?
También recuerdo lo que pronunció el poeta: “Por mucho que un hombre valga nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre”, esto es, persona. Para mí tengo, pues, que de eso se trata. De ser la persona adecuada, o de intentarlo. De aprender cada día a serlo. Un aficionado, un aprendiz, es lo que realmente pienso yo que siempre somos. ¿Acaso podemos saber con certeza quienes somos? Y si la fortuna, de nuestra parte, nos señala nuestro verdadero rostro, el que de verdad somos, ¿podremos en todo caso hallar el camino seguro para acercarnos hasta ese que creemos ser?
Seguro que habrá excepciones, como siempre, pero las personas, los seres humanos, unos con más tino que otros, somos meros aficionados, aprendices de nosotros mismos. Ahora bien lo difícil, lo gratificante, lo que ciertamente equivale a toda una vida, cuando ya hay un buen camino recorrido, es haber sido un aprendiz honrado, honesto con uno mismo, perseverante, generoso. Al fin y al cabo lo más importante no es nunca alcanzar la meta, sino saber andar el camino que hasta la meta nos conduce.
Quizá no se le oyó decir al sabio griego la última palabra: aprendiz. “Llega a ser el que eres, aprendiz”, eso debió de pronunciar el sabio griego, sin duda ninguna filósofo, o sea, aficionado a la sabiduría, a la verdad. Sólo a eso puede aspirar el ser humano, lo cual no es poco ni fácil de cumplir: a intentar ser uno mismo, con humildad, con ilusión, durante todo el azaroso camino.
Qué bonito nos lo recuerda el hispanorromano Marcial: “Un buen hombre es siempre un principiante”.
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Juan Felipe Simón
autor
Contacto


