Que se trata de España
23.11.07 @ 09:00:00. Archivado en Política
La opinión mayoritaria tilda hoy, así me lo parece, a casi todos los políticos de vividores, de vividores de la política, claro. O sea, los tradicionales funcionarios abrazados a las ubres del Estado se han transformado, por mor de esta democracia, en los políticos contemporáneos, abrazados ahora a cualquiera de las diversas estructuras (política, económica, administrativa, sindical, etc.,) de las Administraciones Públicas: Estatal, Autonómicas, Provinciales, Comarcales y Municipales, que con nuestro esfuerzo mantenemos. El PSOE, quizá la agrupación política más mercantilista que emergió tras la muerte del dictador, acaso los más avezados profesionales de la cosa pública, no serán la excepción.
Desde primeros de este año, tras el atentado de ETA en la T-4 de Barajas a fines del pasado diciembre, hasta el relativo fracaso electoral cosechado en las municipales y autonómicas del pasado mayo, el PSOE fue virando su estrategia y su discurso, desde el inexplicado confederalismo y la opinable nacionalidad hasta el sarampión españolista que en reciente publicidad todos le pagamos, para poner rumbo a pesar de la entonces lejana travesía a las elecciones de 2008. Desde el pasado verano, la mini crisis ministerial fue el detonante, el PSOE de Zapatero ya no ha vuelto a variar de ruta: se hará, se dirá, se modificará, se tergiversará, se mentirá, se disimulará, se cubrirá, en fin, lo que haga falta, hasta engañar a quien haga falta, pero el recorrido en la bitácora del PSOE ya no admite modificaciones: tratarán de ganar las elecciones como sea, tal ha sido su manera de gobernar en esta legislatura.
Hay personas, asociaciones y partidos que piden abiertamente una reforma constitucional, pero en sentido positivo, esto es, para actualizarla tras examinar sus 25 años de andadura. Que recuerde ahora, el “Foro de Ermua y otras asociaciones plantean reformar la Constitución para «neutralizar» los nacionalismos”. El nuevo partido UPD, de Díez y Savater, expresó “su convicción de que es necesaria una reforma constitucional que revise y deje claros los límites competenciales, especialmente en algunos sectores entre los que Rosa Díez destacó la Educación”. El mismo Rajoy, hace unos días, “ha propuesto una reforma constitucional para que el Estado recupere competencias en materias lingüísticas y de educación, el fin de las transferencias y del desarrollo autonómico”.
En cambio, el presidente Zapatero no ha propuesto formalmente la reforma constitucional, pero la está llevando a cabo. ¿Cómo? A su modo. A espaldas de la mayoría de los españoles, pues se apoya en la escasa aunque suficiente representatividad parlamentaria de determinados partidos nacionalistas. A espaldas del Parlamento, al que acude con lo pactado fuera de él con esos mismos apoyos nacionalistas. A espaldas de la Justicia, a la cual tergiversa, doblega e interpreta según le convenga. No interesa obviar la inestimable ayuda que le presta Izquierda Unida, grupúsculo inconsistente que intercambia sus votos con quien pueda en cada Comunidad a fin de obtener supervivencia política, contentándose con actuar de convidados de piedra.
Mientras, el PSOE de Zapatero navegando con rumbo de camuflaje, ahora en traje de faena para ganar las próximas elecciones. Una vez conseguido, continuará Zapatero la encubierta reforma confederal del Estado, no planteando como hacen otras voces una clara, pausada y debatida mejora de la Constitución, sino mediante la reformas de las leyes orgánicas que sustentan los Estatutos de Autonomía de los partidos nacionalistas gracias a los cuales obtuvo y conserva el poder que ahora ostenta. En el caso del País Vasco, no dudamos que retomará como sea los contactos con los terroristas, que lo esperan y no han “sabido” hasta ahora asesinar, salvo incidentes, con lo fácil que es hacerlo para ETA cuando quiere.
¿Quiénes pueden impedirlo? Los españoles que, conscientes de ello, asuman la gravedad de la situación. Hasta hoy, la inteligencia del principal partido de la oposición anda más ocupada en sus asuntos internos que en los generales de la nación, en lo anecdótico que en lo categórico. ¿Cuándo se podrá impedir esa iniciada deriva estatal de Zapatero? En las próximas elecciones de marzo. Todos quedamos avisados. No nos distraigan personalismos, ni el falso progresismo, ni el denostado conservadurismo. Atendamos, siempre, más a los hechos que a las palabras, las diga quien las diga. Hablamos del rumbo de España, que unos cuantos interesados sin contar con la mayoría han comenzado ya a desviar.
Que se trata de España, todavía.
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Juan Felipe Simón
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