Escribir es vivir
12.11.07 @ 09:00:00. Archivado en Sociedad, Literatura
En el verano de 2003, el economista, profesor y escritor José Luis Sampedro (Barcelona, 1917) impartía en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo un curso, sobre “El autor y su obra”, titulado como este artículo. Conforme iba dictando el curso su esposa Olga Lucas le acompañaba. Al finalizar el curso, mientras Olga redactaba lo que le había oído decir, José Luis también la acompañaría. ¿El resultado? Unas inesperadas memorias, tanto del autor como de su obra. ¿Cómo es eso posible en las 20 horas que duró el curso? Privilegio de unos pocos es tener una dilatada vida tan, tan presente.
Porque la ecuación “escribir es vivir” alcanza su plenitud en Sampedro. Estructuró su narración en décadas y, conforme escribía, iba viviendo. ¿O viceversa?: “en mi caso escribir ha sido y sigue siendo una necesidad vital. Cuando digo que la vida y la obra están entremezcladas es porque hacer y hacerse son las dos caras de una misma moneda. Hacer y hacerse. Vida y obra”, nos aclara, al unísono, el autor, el escritor.
Para Sampedro “el escritor hace lo mismo que la vaca; rumia lo que se ha tragado observando, le da vueltas, lo trabaja…transforma todo en carne. Porque el escritor auténtico escribe con su carne, su sangre, su médula…”. ¿Cuáles son sus pautas para el oficio de escritor?: “Primera regla de la literatura: la de escribir por necesidad…Hay que creerse lo que se está escribiendo..., mi segunda regla.” Aún ofrece otros trucos: “las ideas o se cogen o se pierden”. “Dejarse traspasar por la realidad circundante, esto es, hacer la esponja, es muy útil para escribir”.
La famosa sentencia del racionalista Descartes queda en Sampedro libre de aristas, dulcificada: “«siento, luego existo». Sentir es antes de pensar…Yo creo que, en el fondo, todos nos movemos más por las emociones que por los pensamientos e intelecciones”. Comparando épocas a nivel europeo, nos comunica que “se ha sustituido el ansia de libertad por el ansia de seguridad…Esa decadencia del espíritu, del empuje de una cultura a mí -observa Sampedro- me parece irreversible…estamos viviendo un final de etapa, una transición de una etapa cultural a otra diferente en la que tendrá un gran papel el avance científico y tecnológico”.
Para el veterano profesor “Lo de la enseñanza es aterrador, porque…ahora parece que todas las deficiencias se resuelven dotando a los centros de muchos ordenadores…, pero la educación debe ser cosa de los maestros, de los profesores humanos, no se la puede confiar a los ordenadores y menos aún en una sociedad donde la educación infantil empieza con la televisión desde la cuna…y no me parece el mejor remedio amarrarlo a continuación a un ordenador, con el que aprenderá muchas cosas…, pero lo que no va a aprender son relaciones humanas…Esa es una de las razones de la pasividad de la gente antes las cosas que ocurren; no se nos educa para ser ciudadanos, se nos enseña a gastar, a consumir…cuando vivir plenamente debería ser la meta.
Que no se me olvide: “No intento enseñar -nos advierte Sampedro- en el sentido de adoctrinar; intento mostrar mi oficio y generar ideas en quienes me siguen, ideas provocadas por lo que han oído…Mi pedagogía siempre se reducía a dos palabras: amor y provocación…La tercera palabra…consecuencia de ambas, es la autenticidad”.
Después de viajar por las páginas de este delicioso e instructivo libro, se ve claro que en Sampedro vivir es escribir, y aun creo que su vida es su más conseguida novela.
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Juan Felipe Simón
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