Sonata de mujer
07.11.07 @ 09:00:00. Archivado en Sociedad
“Detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer”, sentencian muchos. La afirmación, además de cursi, nos parece inexacta. Porque no hay una mujer, sino varias. ¿O acaso en el proverbio hemos de sobrentender que alguna mujer se significa en particular? Si así fuera, ¿qué mujer es la que descuella, y por qué motivos?
¿Será la mujer creadora? La que desde joven intuye la enorme trascendencia de su impar y maravilloso organismo. La que cría, abriga, educa y después, con ademán majestuoso, cede al mundo “su obra”: un ser, a la vez, único y general, inefable.
¿Será la mujer ideal? La que todo adolescente sueña, dormido y despierto, respira y palpa, desea encontrarse tras de cada esquina. La Dulcinea eterna que la claridad destemplada del camino va descoloriendo, lenta e imperceptiblemente.
¿Será la mujer compañera? A quien el varón, estrábico incurable, confunde frecuentemente con su madre. La que aunque no coincida con la mujer ideal es, sin embargo, la que le acompaña inexorablemente por las sendas de la cruda realidad. La que, en simbiosis misteriosa, le ayuda a sostener la antorcha que va desvaneciendo las tinieblas crepusculares.
¿Será la mujer amiga? La que raramente uno logra toparse, y no por tratarse de una especie en extinción, como otras de nuestro planeta, sino por desconocer el varón, embotado de prejuicios, el arte para descubrir esta condición de la mujer: las piezas más delicadas, los perfiles más sutiles suelen transitar desapercibidos. Dicen que la amistad verdadera se alcanza entre personas de igual sexo. Pero también hay quien asegura que la amistad entre individuos de sexo opuesto es la más excelsa, por perfectiva, por integral.
La amistad intersexos, entiendo, es más abarcadora, más auténtica, más universal. No olvidemos que las existencias del varón y de la mujer, por separado, son por naturaleza dispares, y la visión de ambos se reduce, principalmente, a sus mundos exclusivos, o sea, al horizonte varonil, por un lado, y al femenil, por otro. Cuando ambas porciones de humanidad consigan derribar tanta barrera anacrónica, ¿no es factible que la óptica de posibilidades de cada hemisferio se enriquezca en igual proporción?
Sintetizando: detrás de todo varón hay siempre, efectivamente, una gran mujer... ¡Por lo menos!
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Juan Felipe Simón
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