Albert Boadella
22.10.07 @ 09:00:00. Archivado en España
El dramaturgo catalán presentó el pasado 18 su libro Adiós Cataluña. Crónica de amor y de guerra. Entre otras afirmaciones se le oyó decir que no volverá a trabajar en Cataluña, decisión que calificó como “una derrota placentera”. No lo conozco personalmente, ni he tenido la oportunidad de asistir a siquiera una de sus muchas obras teatrales, y sin embargo también a mí me duele esa derrota. Pero sí he oído hablar a y hablar de Boadella. Sé que padeció y criticó abiertamente la dictadura franquista, que luchó por recobrar la libertad secuestrada. Cuando ésta, llamada democracia, se recobró hace 30 años, siguió cultivando desde Cataluña su ideal político, su recobrada paz social.
Pero, como a tantos otros, no se le veía cómodo, no podía estarlo. Lo que ocurría a su alrededor no es la democracia que la mayoría de los españoles habíamos anhelado. Nuestra democracia, aún niña, ni siquiera adolescente, se iba desvirtuando, como tantas criaturas de esa edad en estos tiempos, pero la virtud también se puede, se debe recuperar, y en este caso con más fundamento que nunca. Boadella participó entonces en un proyecto político excepcional y muy valiente, tanto para Cataluña como para España: Ciudadanos de Cataluña. ¿Cuántos ciudadanos como esos se necesitan ahora en España…? Por fortuna, otros advertidos y valientes se han sumado ha poco a la tarea, la recién creada UPD de, entre otras muchas personas, Fernando Savater y Rosa Díez. Pero regresemos a la senda.
Ciudadanos de Cataluña triunfó, pero a qué alto precio, en su presentación política catalana en 2006, porque parte de esa sociedad los necesitaba, la que fue capaz de vencer sus miedos a pesar de los fanáticos. Pero la otra parte, la que permanece callada, rendida, atemorizada, aún no ha sido capaz de rebelarse al mayor castigo a que se puede someter a una persona: la falta de libertad. A pesar de que fueron maltratados, vituperados, coaccionados, insultados, agredidos, con el consentimiento de los responsables en el poder que quebraron la obligación de impedirlo, consiguieron presentarse y obtener 3 diputados. Conservo, porque quedé impresionado, artículos de prensa de junio de 2006, cuando aquellos impensables en democracia actos preelectorales. El día 11 escribía Victoria Prego: “Boadella había hablado minutos antes. Explicó que hace 30 años, en la misma plaza de Gerona, se habían concentrado Els Joglars para protestar por la detención de un actor y para pedir libertad de expresión. Treinta años después no podía imaginar -continúa Boadella- que tendríamos que venir a defender lo mismo. Pero tengo más miedo ahora que antes, advirtió Boadella”.
Volviendo a la presentación, también afirmó Boadella que “ha conseguido quitarse un lastre de encima”. Lo creo. Y que “Cataluña le importa menos que Birmania”. Pero esto no lo puedo creer. Supongamos, aunque sin citar a Birmania, que Cataluña le importa menos que nada, pero bien sabemos qué quiso decir con eso. Lo que no quiere Boadella, como tantísimos catalanes, igual que muchísimos españoles de todas las regiones, es regresar al pasado, sí, regresar al fascismo, a la coacción, al recorte de libertades sociales y políticas, a la rivalidad insensata entre dos bandos (nosotros y los otros), a la injusticia social, al miedo a ejercer noblemente la libertad, en fin, al fanatismo, que en ese terrible y olvidadizo ropaje pueden quedar envueltas aquellas miserias sociales que ahora se padecen en Cataluña y en otros lugares de España.
Sí que le importa Cataluña a Boadella, sencillamente porque es suya, parte esencial de sí mismo, como nos enseño Séneca, como por igual motivo le importa España. Como buen dramaturgo así expresa su sentir, su grave ruptura sentimental, pero en esta singular escena, parece, lo delatan sus gestos: Su “Adiós a Cataluña” reverbera esperanzado.
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Juan Felipe Simón
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