Palabras prestadas
17.10.07 @ 09:00:00. Archivado en España
Alguna vez me he referido a la necesidad de acudir, en especiales ocasiones, a escuchar la voz de los mejores, de los sabios, de los que normalmente no salen, no figuran, no se oyen en los medios, en los foros sociales o políticos, a veces ni respiran. Y sin embargo hablan, escriben y dialogan, normalmente solos o con unos pocos, los que dedican algún tiempo a oírlos cuando hablan, a leerlos cuando escriben, a platicar con ellos cuando opinan, reflexionan o recuerdan en voz alta o impresa. Creo que en España es llegada la ocasión de oír esa palabra queda, rumiada, sostenida, tolerante, interesada, es decir, que sólo le importa lo que expresa y cómo lo expresa.
Hace pocos años en su libro El valor de elegir advertía Fernando Savater (San Sebastián, 1947), catedrático de Filosofía y escritor: “Es cierto que no hay culturas superiores a otras, si por tal se entiende que no tengan nada que aprender de las demás; pero no es verdad que todas sean igualmente compatibles con la democracia o que la razón no pueda elegir entre ellas los rasgos políticos y sociales más deseables. Esa capacidad de elegir, preferir y desechar es lo que precisamente debería intentar conseguir en los futuros ciudadanos la educación cívica”.
Y hace unos días dijo, a propósito de los contactos entre el Gobierno y ETA: “A eso no se le puede llamar diálogo, porque el Estado nunca puede sentarse a hablar con unos terroristas, otra cosa es la negociación que algún día será necesaria cuando dejen las armas”. Y sobre la hipocresía del PNV al plantear el referéndum sobre la autodeterminación: “Pero si en el País Vasco nadie se atreve a decir lo que piensa al vecino de al lado”.
José Álvarez Junco (Viella, Lérida, 1942), catedrático de Historia, Director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, en una entrevista el pasado mes de julio cuando le preguntaron: “Acaban de cumplirse 30 años de las primeras lecciones generales democráticas. ¿Cree que se ha hecho justicia con la Transición?”, respondió: “En absoluto, creo que una nueva generación la está cuestionando injustamente, al conectar la Transición con una especie de enterramiento hipócrita del franquismo y la guerra civil. Y se insinúa que hubo una especie de falseamiento y de engaño colectivo y de ocultación de la memoria. Naturalmente la Transición tuvo sus límites, porque fue un pacto que implicó concesiones por las dos partes: por parte de los franquistas, que concedieron el desmantelamiento del régimen y el establecimiento de la democracia, que es lo que pedía la oposición, y por parte de la oposición, que concedió una especie de amnistía y de no realizar purgas de ninguna clase. Si ahora denunciamos esta segunda parte, olvidamos la primera”.
Emilio Lledó (Sevilla, 1927), catedrático de Filosofía e investigador del lenguaje, con motivo del Premio Lázaro Carreter recibido el pasado día 8, dijo entre otras: “la obsesión por borrar el pasado colectivo y muchas veces individual puede ser una clave para justificar vilezas, maldades o crímenes del presente colectivo con la impunidad de saber que nunca nadie lo recordará, y eso es lo mortal”. Descartó la expresión “la memoria abre viejas heridas”, porque “lo que hace sangrar la realidad es no querer ver, ni pensar, ni experimentar, ni sentir. Un país que no tiene el valor de digerir su memoria, aunque duela, no sabe orientar su destino, ya que los seres humanos somos memoria en el lenguaje”.
“Con nuestra memoria histórica lo que ocurre es que hay aspectos dolorosos para ciertas personas que quisieran pasar la esponja sobre una pizarra en la que no se escribe con tiza, y es que nadie tiene derecho a borrar lo que pasó. Hubo violencia por las dos partes, pero más violencia en una de ellas que dominó y se apoderó del país, un hecho puramente objetivo. Es triste que nos cueste tanto asumirlo”.
“La única clase de verdad que existe es la búsqueda sincera, sin frases hechas, sin intereses, ni compromisos…, la búsqueda del conocimiento obligado. Y si cada uno tiene su verdad, ésta no lo es sin contrastarla con las verdades de los otros, contrapuestas”.
Posdata: Actual; es decir, clásico; es decir, perpetuo. Aforismo de Juan Ramón Jiménez (Moguer, Huelva, 1881 - Puerto Rico, 1958), Premio Nobel de Literatura 1956.
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Juan Felipe Simón
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