Desde su atalaya 2 (Epistolario)
15.10.07 @ 09:00:00. Archivado en España
Querido Juan, desde esta cercana lejanía en que ahora vivo no te puedes imaginar lo que presagiaban las jornadas previas del día de la Fiesta Nacional. Pero como tantas veces, Días de mucho, vísperas de nada, según reza la sentencia. Acabó la fiesta, pasó el desfile militar, transcurrió el señalado día y sólo perduran los ecos, al menos aquí, de la tensión social acumulada, sólo resta la controvertida espuma de una clase política que no se resiste a ser simple representación de la ciudadanía, sino que pretende encauzarla por atajos no prudentes ni solicitados, que no se allana a la realidad que nos envuelve. Ya ves, querido hermano, la sombra de la terrible dictadura (no olvidemos que fue el acto final de una vieja y desgarrada incomprensión entre españoles), es muy alargada. Ni se me olvida que unos días antes la banda ETA aterrorizó, pero hasta ETA parece adaptada a la permanente campaña electoral española.
Aunque llevo bastantes años fuera de España no creas que no pienso en español, al fin y al cabo cuando decidí salir ya estaban replanteados los caminos de la recién iniciada transición política. No sé si te habrá ocurrido a ti, hermano, pero me he equivocado varias veces en cuanto a la culminación de la transición, respecto a la llegada de su tránsito natural, de ganas que tenía. Tras aprobarse la Constitución y encauzarse los primeros pasos democráticos, pensé que en unos años la convivencia entre todos los españoles alcanzaría la tolerante madurez, y que se consolidaría tras la llegada en 1982, por vez primera, de los socialistas al gobierno, pero no fue así. ¡Qué ingenuidad!
Durante el segundo gobierno socialista percibí que viejas cicatrices y añosas palabras volvían a resurgir, sentí que no había acabado el desencuentro, que no había comenzado aún el común porvenir de los españoles. Aquellos socialistas tuvieron que salir de aquella manera y comenzó el gobierno de una renovada “derecha” (como sabes pienso que ya no sobreviven en Europa derechas e izquierdas, en otra ocasión lo hablamos, pero si empleo esa expresión es por comodidad, por simplificar para entendernos). Pero también esa acomplejada “derecha” tuvo que salir, por distintas razones, pero de manera no fácil de explicar ni de entender.
Y en ese maremágnum pasaba por allí Zapatero, aunque Zapatero nunca pasa sino que es conducido por una idea regresiva: restablecer la historia de España en un tiempo pasado, con unos protagonistas imposibles y en unas circunstancias fenecidas. ¿Por qué lo nombro? Pues por casualidad. Porque tenían que ganar los otros y entre esos otros figuraba él, tras enconada lucha por sustituir a Felipe González. Hermano, no podía suponer que aquel personaje en tan escaso tiempo condujera al país al laberinto en que se encuentra. Pero ese personaje es el símbolo de la desorientada “izquierda” española, y es ese partido el que eligieron los votantes en aquel desdichado final electoral. No sé cual será la imagen de España tras las próximas elecciones pero para mí tengo, hermano, que serán cruciales para el futuro de todos los españoles.
A una ETA crecida y con alguna resonancia exterior se unen los interesados y modernos “nacionalismos” ahora exacerbados, el problema de la emigración se ha hipertrofiado sin escarmentar en las cabezas de otros países europeos, el temerario giro político y territorial que se pretende dar al Estado es inapropiado, temerario e inviable. Algunas de las leyes que oigo circular por ahí también van en consonancia con esa deriva: la falsa “memoria histórica”, la carencia de una ley nacional de educación que enderece el rumbo de algo tan esencial y la deplorable posición de España en las estadísticas europeas, la prevalencia de unas comunidades autónomas sobre otras en función de un puñado de votos cuyo origen debería haberse reformado ya…
Querido hermano, no pretendo alarmarte, pero desde mi perspectiva esa es la España que ahora veo y oigo, y no debemos conformarnos con lo que es sino perseguir lo que debería ser. Ojalá todo lo que está sucediendo haga recapacitar a los mejores que, presumo, permanecen callados y atónitos, pero ha llegado el momento de que salgan a la calle y nos alumbren. No me resisto a oír a uno de esos sabios españoles, a Manuel Fernández Álvarez (Madrid, 1921), historiador, experto en el Siglo de Oro español: “Hace mucha falta que la juventud conozca su Historia sin espíritu revanchista, sino con serenidad pese al dolor. Los jóvenes no saben casi nada de la Historia de este país, porque la enseñanza le ha dado la espalda...la Historia es un bien cultural y nuestra cultura es española y es un bien universal. Desde el momento en que se desvertebra la Historia de España se está desvertebrando la nación”.
Fuerte abrazo de tu hermano
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Juan Felipe Simón
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