Turbulencias
05.10.07 @ 09:00:00. Archivado en Política
Hace tiempo que el gremio político anda desacreditado, tanto que ya no anda sino en su silla de ruedas. Si sólo hace 30 años que empezamos a trabajar en el sacrificado oficio de la democracia, ¿qué poco ha durado el cheque en blanco que ilusionada le concedió la mayor parte de la sociedad española? Solamente dos generaciones. ¿Qué poco han tardado los políticos en perderle el respeto a las honestas costumbres, a las ministrables formas, a la tarea democrática aseada, eficaz, sin accidentes? ¿Qué hacer, entonces, en una tesitura en que políticos y ciudadanos son incapaces de llevarse el compás, en que el desafino incordia hasta a los más duros de oídos? ¿Cómo renovar a toda una clase política tan denigrada? ¿Cómo ir rellenando el caudal ciudadano de ilusión, de cooperación, de confianza en su clase política, en sus instituciones, en el recíproco ejercicio diario que exigen las complejas sociedades de este encopetado S. XXI?
Yo no sé bien qué, ni cómo, ni hasta dónde se podrá llegar. Sólo sé que hay que hacer algo, hacerlo ya, con prudencia e inteligencia, comenzado por la base sin perder de vista la cúspide, contando con todos sin menospreciar a nadie, podando todas las ramas que hagan falta sin talar ningún árbol. Ha llegado la hora de todos, de unos más que de otros. ¿Qué me decís de llamar, de invitar a decirnos a los intelectuales, de escuchar a los sabios, a los que no han olvidado la moral? Los que nunca o casi nunca se han oído, porque no les dejaban expresarse, porque no se sentían útiles, porque se sentían ajenos a una casta política inmoral e incorregible, porque se sentían cansados de una ciudadanía adocenada, permisiva, indolente…
Ha llegado la hora de los mejores, paciencia. Ha llegado la hora de los ancianos de la tribu, silencio. Ha llegado la hora de que los representados y sus representantes fíen su turbulento futuro a los que sean capaces de enderezar nuestro rumbo. Los políticos deben de detenerse, oír, reflexionar y actuar con la magnificencia de los héroes: ¿será eso posible? Los ciudadanos tienen que despabilarse, criticar, desindividualizarse, ser elegantes o saber elegir, e ir adentrándose de nuevo en el paraíso social del que un día, no tan lejano, fueron expulsados porque dejaron de ser personas para convertirse en cosas, prisas, electroaparatos, velocidad, ocio improductivo, rebaño, caricaturas, en siervos de su propia libertad, tentados por el dios de la insolidaridad y por la diosa de la comodidad.
Ha llegado la hora de los que siguen conservando los sabores de las generaciones anteriores, los soberbios con causa, los que han sabido reconstruir lentamente las ruinas de nuestro pasado, que eso es si bien se mira toda historia, los que han vivido relegados a rumiarse sus palabras. Llamémosles, oigámosles ahora que aún zozobra la nave por las turbulencias.
Nuestros políticos no dan la talla, menos desde las dos últimas décadas, salvo una, alguna, unas cuantas excepciones. ¿Y qué decir del resto de la sociedad española? Que los votó y revotó, no supo o no quiso recuperarse del desencanto, los consintió y no fue capaz de exigirles la responsabilidad debida de los representantes. Llegó la hora de los mejores, aunque como dijo Ortega “lo más valioso tendrá que parecernos, al primer momento, extraño, difícil, insólito y hasta enojoso”.
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Juan Felipe Simón
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