Sueltos de Almanaque
20.09.07 @ 09:00:00. Archivado en Sociedad
1. Estoy seguro de que en la vida hay alicientes suficientes (amores, deseos, hijos, mujeres, amigos, conocidos, aficiones, animales, pasiones positivas, ilusiones, objetos...) para sobrevivir, para ir tirando. También observo que hay demasiado desencanto (desamor, pseudodeseos, enemigos, indiferencias, desocupación, fieras, pasiones negativas, desilusiones, cosas...) como para vivir con decencia: tantos enfermos mentales, desgraciados, muertos en vida, fantasmas, suicidados...
Si hay casi tanto de lo uno como de lo otro, por fortuna bastantes más positividades que negatividades, ¿qué diferencia la mirada de los primeros de la de los segundos? A los que sobreviven les anima, al menos, un hálito; a los que no, ni un helado aliento. No iba muy descaminado quien afirmó que un aliento puede dar la vida.
2. Así como el náufrago tiene que conservar al nivel adecuado sus vías respiratorias respecto de las aguas océanas, así el hombre ha de mantener -o intentar- siempre, para ser verdaderamente humano, el horizonte de su dignidad por encima del nivel de sus miedos.
3. El filósofo alemán Georg Simmel (1858-1918) dijo: “El tiempo es la vida, prescindiendo de sus contenidos”. Encuentro en unos apuntes míos escritos con anterioridad: “El tiempo es la vida misma, pero sin contratiempos”. Creo que se parecen ambos asertos. No obstante, del primero eliminaría lo de “prescindiendo de sus contenidos”. Del segundo aquello de “pero sin contratiempos”.
Hoy, creo, que tiempo y vida son la misma cosa; perdón, esencialmente lo mismo: ambos son el haz y el envés de la vida humana.
4. De forma inesperada Truman Capote cayó en mis manos. Lo leí, me gustó y me entristeció vagamente el reflejo del escritor. Es, me parece, un artista y un desgraciado. Luego ambos adjetivos pueden ser compatibles. ¿Qué será, pues, un artista agraciado? ¿Qué podrá ser, entonces, un desgraciado sin arte?
Leída su “Música para camaleones” puedo decir, realmente, que me gustó el artista, por tanto el hombre.
5. Releyendo encuentro el proverbio japonés: “Es mejor viajar lleno de esperanza que llegar”. Ahora comprendo mejor el porqué prefiero cualquier víspera al mismo día “D”. Yo, junto a lo de esperanza, colocaría:”...y de imaginación”. Aun dicho ese proverbio en casi las antípodas, también encaja aquí. Y es que, en verdad, el hombre (los hombres) sólo se diferencia exteriormente. ¿Qué le impide a los hombres, pues, un mejor entendimiento? Vista la semejanza entre ellos, tienen que ser los inhumanos intereses de algunos hombres junto con la necedad de otros muchos.
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Juan Felipe Simón
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