Regiones
19.09.07 @ 09:00:00. Archivado en Política
En su afán insensato e inverosímil por gobernar, no es la negociación con ETA, su imprudente manera de sostenerla y las escandalosas concesiones a los terroristas, ni el pacto para excluir (lo que ha conseguido en parte) al único partido antagonista para gobernar el país, aun aliándose con grupúsculos declarados enemigos u opuestos a los intereses de España, ni las graves desviaciones cometidas en política exterior y sus consecuencias económicas, ni el echarse en brazos de esos partidos minoritarios y excluyentes a costa de pactos y concesiones contrarias a los intereses nacionales (Endesa, Plan Hidrológico Nacional, permisividad para determinadas actuaciones autonómicas ilegales o casi o perjudiciales…), ni pactar en algunas regiones con partidos llamados nacionalistas pero radicales para desbancar al partido más votado…, no, lo más grave y gravoso de reparar de lo acometido por Zapatero y su gobierno, respaldado por el PSOE, ha sido el enfrentamiento, la rivalidad, la enemistad, el desacuerdo, las diferencias que Zapatero ha sembrado entre las comunidades o regiones de España.
Hace unos meses, durante un breve recorrido por Asturias, me extrañaron las pintadas tan radicales en contra de España y lo español, el debate que mantenían sus políticos para hacer de su dialecto, el bable, una lengua oficial y obligatoria en ciertos ámbitos, el afán por hallar con o sin fundamento diferencias con la región de al lado…, en fin, esas manifestaciones de permanente e inconsistente rivalidad a que me refería antes. También le leí a un experimentado periodista catalán su extrañeza por hechos parecidos que había visto y oído durante una reciente estancia en la realidad nacional de Andalucía… ¡Y eso que Asturias y Andalucía no son sospechosas de fulgor nacionalista!
Nunca como en esta malhadada era Zapatero las distintas regiones de España habían llegado a mantener unas relaciones tan tensas, antagónicas e insolidarias, y eso será lento y costoso de restañar. A estas alturas en cualquier región española, sea cual sea el grado de comezón autonómico que padezca, se ha intentado radicalizar, rebuscar, exaltar, simbolizar cualquier detalle o diferencia que se tuviese con el vecino de esta o de aquella linde, como si por naturaleza no fuese todo (persona o cosa) distinto, incluso a cada paso del tiempo. ¿Qué partido regionalista no ha votado o pactado con el gobierno de turno a cambio de favores económicos o de otro tipo?
Disculpen mi insistencia, pero por su naturaleza y repercusiones ese y no otro es el infecto virus social (la exaltación de lo local, la competencia interregional, el difuminar los contornos y colores de la nación española) que ha inyectado en la sociedad española la política del gobierno de Zapatero y de su partido. Esos resquemores y desavenencias, esa maltrecha causa común entre las regiones de España es el germen, entre otros desajustes, del pasotismo de la sociedad española, que se viene reflejando (a pesar del gasto y del esfuerzo de los partidos y gobiernos interesados) en las últimas elecciones celebradas en España, ya sean autonómicas (recordemos el escaso caso que el pueblo catalán le hizo a sus políticos con motivo del referéndum de su Estatuto) o de otro nivel.
Una vez que el gobierno de Zapatero y su partido, para gobernar en España o en cualquier autonomía, han decidido llegar a casi cualquier tipo de pacto con pequeños partidos llamados nacionalistas que no esconden su odio a España, al parecer su fórmula magistral para descabalgar a su partido rival, difícil será reconducir a este PSOE por la senda en que predomine lo nacional sobre lo regional, lo general sobre lo particular, los intereses de la nación sobre los intereses personales y partidistas.
¿Hasta cuándo los adormecidos españoles soportaremos las peligrosas veleidades de Zapatero y de su partido con la primera nación que surgió en Europa?
Posdata: Si quitáramos la ambición y la vanidad, ¿dónde quedarían los héroes y los patriotas? (Séneca)
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Juan Felipe Simón
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