Rosa
10.09.07 @ 08:00:00. Archivado en Política
Recién unos Ciudadanos de Cataluña, disidentes del régimen político imperante en esa región, decidieron sembrar un nuevo árbol político que brotó talludo y fuerte en su primera elección autonómica. Ahí sigue el arbolito, creciendo y aspirando a poblar de otra sombra el desorientado espacio electoral. Más recientemente, todavía gestándose, se nos anuncia la próxima aparición de otro árbol, esta vez en País Vasco, fruto de las manos sembradoras de la nunca bien ponderada asociación cívica “Basta ya”: Rosa Díez y Fernando Savater parece que serán sus padrinos. Bienvenidos sean ambos y los nuevos árboles que, autóctonos o por esquejes, sean capaces de brotar en este pedregal en el que los decrépitos partidos posdictadura están convirtiendo el suelo de la variada y fértil geografía española.
¿Por qué nos parece tan importante la aparición de otro u otros partidos? Porque a pesar de que la vida política española se halla secuestrada por los partidos-empresa que se reparten los papeles del actual escenario político español, hay alguien, unos cuantos que se atreven a disentir, a innovar, a separarse de la grey para que esos anacrónicos, indolentes e irrecuperables protagonistas vayan dejando de serlo. No les echemos las culpas a España ni a sus regiones ni a la juventud de su democracia, aunque ciertamente el pasado siempre pese.
La corrupción, la desmemoria histórica, el terrorismo socio-económico y sus cómplices, el proceso sin claridad de método ni de objetivos, los “regímenes políticos” (en Andalucía 25 años de paz consiguió el mismo partido), el escasísimo nivel intelectual imperante, las roviradas, ibarrechadas y quintanadas, el nepotismo, amiguismo y clientelismo, los intereses económicos disfrazados de aspiraciones políticas, el peligroso juego de la rivalidad entre regiones, la falta de madurez ante quien no piensa como él, la escasa o nula sintonía entre dirigentes y ciudadanos, la apatía política y social que nos está nublando, la sumisión de afiliados y simpatizantes a los partidos políticos, la incapacidad para reconocer lo que el otro hizo bien y, llegados al poder, la insensatez de desmontar todo lo hecho por el gobierno de turno anterior, las renuncias ideológicas y éticas proclamadas sin desdoro, el economicismo y afán de protagonismo de los “autonomistas”, la incapacidad de tanto dirigente político llevada al esperpento, el anclarse en dogmas sociales y políticos del S. XIX y defenderlos como excluyentes, propios y modernos, los absurdos complejos sobre la defensa de tu país (con sus autonomías o regiones, su diversidad, sus peculiaridades y sus lenguas, como es natural), de su nombre, de su himno, de su bandera, de su historia…, esos, esos hechos y todos los que esquivan la ocasión y la memoria pero no las hemerotecas, no son vicios de estos tiempos y lugares sino de los hombres que en ellos sobreviven, de ellos mayormente, aunque también de quienes les sostienen.
En “El al margen de la ley”, durante la fiesta previa al desenlace fatal, los improvisados músicos le preguntaron a Clint Eastwood: “Qué quieres que toquemos”, y él, pensativo, respondió: “Sólo conozco Rosa de Alabama”. En España, de rosas, conocemos un rosario. Bienvenida la Rosa de septiembre, henchida de dudas y de espinas. Que permanezca duradera entre las mujeres y hombres de España su efímera fragancia. Permitámosle que sólo sea ella.
Posdata: Nadie ama a su pueblo porque es el más grande sino porque es suyo (Séneca).
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Juan Felipe Simón
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