Ciudadanos sin fronteras
05.09.07 @ 09:00:00. Archivado en Política
Sólo recuerdo ya del sueño ese título, pero… ¡qué tienen que ver los sueños con la realidad! No obstante, trataré de bucear en lo insondable. Hace 25 siglos, en la Grecia nutricia, la que dio a luz el pensamiento occidental, la que construyó el edificio mental que en buena parte nos sostiene, después de asentarse en torno a la polis o ciudad-estado, ciudades por sus tamaños y estados por su estructura, después de descubrir el logos, la palabra, la razón, quizá la palabra razonada, decidieron alumbrar nada menos que la educación, la educación “humanística”, que es en síntesis transmitir a los ciudadanos toda la cultura que han ido absorviendo las generaciones anteriores, para humanizarlos e integrarlos en la sociedad en que nacieron, es decir, sustantivar lo práctico, lo humano, lo sensato.
El hombre griego, aún tribalizado, no poseía los instrumentos que exigía la nueva organización social. Las autoridades decidieron educar a ese individuo para integrarlo en las complejas relaciones que suponía la polis. A través del logos decidieron una fantástica metamorfosis: el hombre antiguo, tanto el niño como el adulto, educado en los principios de la nueva organización política, socializado, mejorado, pasó a ser otra persona y, además, se transformaría en ciudadano. Había nacido un hombre nuevo, civilizado, convertido en ser político, apto para vivir en la polis.
Aquellos necesitados griegos…, sí, creo que ellos se atrevieron, ya lo creo. Ni las ciudades ni siquiera los estados tienen hoy mayormente la razón de ser que un día tuvieron. La polis, todas las polis pasarían a ser una: la grandépolis, el cosmos. El ciudadano ya no lo sería de una polis sino del mundo: sería un cosmopolita. Solamente ellos osarían dar el nuevo paso, cosmopolizar al ciudadano del S. XXI. Los estados se irían soldando unos a otros para alumbrar el continente-estado; estos, a su vez, harían lo propio y emergería en la tierra la ciudad cósmica, la ciudad universal. De la polis al cosmos, del político al cosmopolita.
Aquellos teóricos griegos, a través de un modelo de educación basado en una doble universalidad (que se dirigió a todos los griegos, sin diferencia de estamentos, y les transmitió toda la cultura griega), consiguieron cimentar el edificio intelectual que hoy nos alberga. Como aquellos griegos, pienso que cualquier tipo de nacionalismo es falta de educación, de educación social, de grave carencia en la cultura de los tiempos, de miopía intelectual.
Aquellos inmortales griegos, aquí como en otros lugares, tendrían muchísimo que enseñarnos. ¿Quién acometerá la tarea educativa que nos mira improrrogable? ¿Quién osará trasladar a todos los ciudadanos españoles, niños y adultos, de cualquier región española, toda la cultura española de todos los tiempos, aun de las épocas y estampas menos aceptadas, menos conocidas, esto es, menos aprendidas?
¿Quién restañará nuestros prejuicios, nuestros complejos, nuestras insensateces sociales? ¿Quién, hoy, será capaz de educarnos, de transformarnos en ciudadanos del mundo, en ciudadanos sin fronteras?
¡Lástima que no recuerde cómo acababa el sueño!
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Juan Felipe Simón
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