La epidemia nacional
23.08.07 @ 08:00:00. Archivado en España
No aprender, no practicar, no vivir la Ciencia en España deberíamos reconocer que es la epidemia nacional que desde siglos todos padecemos, porque esta enfermedad que sólo unos pocos osan conocer debido a vetustos prejuicios, a una celtibérica ignorancia, a la miopía intelectual de tantos como han podido remediarla, continúa enervando la médula de la sociedad española.
Famosas en estos pagos son, por desgracia, frases como: “Que inventen ellos”, “Yo soy de letras” y otras del mismo jaez que tratan de justificar algunas de nuestras celebradas carencias, como la paciencia, como una mirada más generosa y social, como un desdén por lo novedoso, por tener que renovar (que en realidad es evolucionar) anquilosadas costumbres y creencias.
“España y la innovación científica” se titula el artículo del hispanista Henry Kamen (historiador inglés y profesor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Barcelona) publicado el pasado día 10 en El Mundo. Tras comenzar aludiendo a la certeza histórica del atraso científico español, entre otras dice: “Acabo de estudiar el último informe, de 2007, sobre Innovación: transformando la creatividad de los negocios, de la Economist Intelligence Unit (ECI). El documento evalúa el potencial para el avance científico de 82 naciones del mundo, tomando como base las patentes que estos países han registrado y la actitud de sus hombres de negocio ante el tema de la innovación tecnológica. El análisis muestra que…entre las naciones europeas España está en lo más bajo (en el nº 25) de la lista, delante sólo de las naciones pobres de Europa oriental”.
“La ECI hace un pronóstico de cómo se desarrollarán las 82 naciones de su lista, y ofrece pocas esperanzas para España. Pronostica que dentro de 5 años bajará al nº 27 en la lista de naciones innovadoras, es decir, que se situará por debajo de Chipre y Hungría…Parece que el gran problema se halla en el significado de las siglas I+D, que significan Investigación+ Desarrollo. El problema es que España ya tiene los presupuestos de investigación más bajos de Europa…El resultado ha sido que quienes han deseado tomarse en serio la ciencia han tenido que marcharse al extranjero a estudiar… ¿Han hecho los recientes gobiernos españoles lo suficiente por la ciencia? El testimonio de las estadísticas que he citado no deja lugar a duda de que no”.
No menos digno de consideración es el extenso artículo de Jesús Martín Tejedor, Presidente de la Asociación Española de Científicos (AEC), de 26-7-2007, que titula “La planificación de la investigación científica a la luz de una cierta idea de España” y puede leerse en aecientíficos.es. De entre su vasta exposición, resalto: “Decisiva importancia tiene el desarrollo del Progreso científico y su proceso de aceleración. Cada vez más acusadamente los factores de comunicación, desarrollo económico, capacidad militar e influencia política dependen primordial y casi exclusivamente del progreso científico. Hasta el punto de que la división del mundo en países desarrollados y subdesarrollados, Norte y Sur, Primero y Tercer Mundo, va a ofrecer otro considerando fundamental que, en cierto modo, afectará seriamente a las anteriores clasificaciones: países científicamente desarrollados y países sin Ciencia o científicamente subdesarrollados”.
En el reciente estudio titulado “Desarrollo tecnológico e investigación científica en España, balance provisional de un esfuerzo insuficiente de catching up”, elaborado por el sociólogo Víctor Pérez-Díaz y su equipo para la Fundación Iberdrola, que puede verse en Iberdrola.es, se afirma: “Estamos muy lejos de alcanzar el nivel de innovación de los países de nuestro entorno. Por ejemplo, en el nivel de gasto en I+D sobre el PIB, si las tendencias actuales se mantuvieran, España llegaría al nivel actual de Francia entre 2050 y 2104, y al nivel actual de Reino Unido entre 2035 y 2070. En lo que se refiere al nº de patentes España alcanzaría el nivel presente de Francia entre 2248 y 2257, y el nivel actual del Reino Unido entre 2207 y 2124. Es decir, si las tendencias actuales se mantuvieran, no daríamos alcance a los países de nuestro entorno ni en el corto ni en el largo plazo".
“En España la proporción de financiación privada de I+D es bastante baja en relación con los países desarrollados más punteros. Hay, además, vínculos débiles entre la infraestructura de innovación y el tejido empresarial”.
En el último nº (julio de 2007) de la revista Temas para el Debate, Editorial Sistema, Emilio Muñoz, del Instituto de Filosofía del CSIC, Cátedra Ética, en su artículo “La investigación científica en España y su sintomatología” nos explica: “El problema es que las trayectorias seguidas (por los sucesivos responsables políticos) no sólo no han sido ascendentes o progresivas, sino en algunos momentos regresivas. Estas regresiones han servido para poner de relieve un problema endémico de las apuestas españolas por la ciencia y la tecnología. Estas apuestas sólo parecen tener lugar en periodos de bonanza económica lo que, en román paladino, quiere decir que no se cree en el valor dinamizador de la ciencia, sino que se le considera, como mucho, un bien cultural. El esfuerzo económico para su desarrollo se estima que es un gasto, no una inversión”.
Casi implorando termina Emilio Muñoz y señalando, creo, una de las raíces de esta epidemia: “Paradójicamente, en esta sociedad globalizada que fomenta el individualismo y aparta toda referencia al nosotros, el ámbito de la ciencia y la tecnología sigue valorando la cooperación y la colaboración entre los actores para su eficiente desarrollo. Por ello, vuelvo a reclamar la necesidad de un pacto social para que la investigación científica y técnica despegue en España”
Podríamos continuar citando estudios y opiniones de parecida visión, de esos raros españoles que de uno u otro modo muestran interés (del étimo ser-entre, importar) por la ciencia, por la ciencia en España, hasta llegar a amarla, y para la que reclaman con justicia un lugar bajo nuestro sol.
A propósito, de El Confidencial Digital del día 14 resumo la siguiente noticia. Con motivo de la recepción ofrecida por Zapatero al físico inglés Stephen Hawking, reciente Premio Príncipe de Asturias, “el presidente le habló de las dificultades científicas en España, atribuyéndolas a algo cultural, debido a épocas oscuras donde la Iglesia adoctrinaba las mentes, y también a la falta de cualidades de los científicos españoles.” Tuvo oportunidad de intervenir una investigadora española invitada, que le explicó al presidente: “la falta de planificación de la carrera investigadora, junto con la precariedad laboral de las becas, y la falta de medios que destruye el ingenio de muchos grupos de investigación, son las causas principales del estado de la ciencia, y no la Iglesia”.
Nada me extraña el desconocimiento de nuestro presidente, y el de otros presidentes y responsables políticos anteriores. Es más, así ha debido ser para que la ciencia en España haya llegado hasta nuestros días tan magra y sin aliento. Antes de suicidarse Larra en 1837, sentenció: Escribir en España es llorar. Casi 2 siglos después cualquiera de los locos románticos de la ciencia en España también puede formular: Hacer ciencia en España es llorar, a veces morir en el intento.
Si nuestros “responsables” políticos todavía en 2007 ocupan su tiempo en mostrarnos su memoria histórica, si el anacrónico y tullido intelecto de buena parte de ellos sólo les permite ocuparse de lo que ocurre alrededor de sus pies, ¿cómo vamos a sanar de esta epidemia nacional?
¿Tendremos que suplicar un milagro para salvar a la ciencia? ¿Qué necesita la gente de España para reconocer su enfermedad y comenzar su curación?
Comentarios:
Me llama la atención el comentario que el Iluminado de la Moncloa hizo al señor Hawking sobre la Iglesia y el legado cultural español: es zapatético. Hay tanto adoctrinamiento y fanatismo en esas palabras, que me da vergüenza ajena por este señor que ocupa el cargo de jefe del Gobierno. Que no tiene ni idea de ciencia y tecnología, y que le importan una mierda, ya lo sabía. Lo que no me esperaba es que le gustara hacer el payaso delante de insignes personas como el físico inglés.
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Juan Felipe Simón
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