Qué es leer
20.08.07 @ 08:00:00. Archivado en Literatura
Leer, leer un libro es, como todas las demás ocupaciones propiamente humanas, una faena utópica, eso es lo que nos lanzó, para comenzar, Ortega y Gasset (Obras Completas 9). Paseaba por allí Leonardo Romero (Colección Salvat, Temas Clave 43) y quiso intervenir en esta improvisada tertulia: leer es aprender, ocupar el tiempo del ocio, estar al día... Bien, vosotros no sé que pensareis, pero a mí se me ocurrió decir: leer es oír a otros para intentar oírse a uno mismo, ampliar insospechadamente el horizonte de posibilidades, sumergirse en un océano de alientos, de experiencias, de sueños ajenos.
El sol, afable y generoso, sonreía serenamente. La mar, de hormigueante azul, retozaba en la quietud de la tarde. En el horizonte, difuminado, barcos y barcas avanzaban perezosos a su destino. A mis pies, las aguas saladas transparentaban una superficie entreverada de rocas. De pronto, Juan Goytisolo (El bosque de las letras), hasta entonces silente, nos confesó: desde hace bastantes años -¿diez, doce?- no leo o leo apenas: releo. Ortega, con su petrificante mirada, argumentó: Y digo que es una acción utópica porque: 1º Todo decir es deficiente, dice menos de lo que quiere. 2º Todo decir es exuberante, da a entender más de lo que se propone. Romero, atento, no desaprovechó la ocasión: ¿Que para qué leer? Para mejorar en humanidad, esto es, en un desarrollo integral del hombre en todas sus manifestaciones espirituales. Cerquita de nosotros miraba al infinito, quizá sin oírnos, Pedro Salinas (El Defensor), y no lo dudó: ¿Será posible, en un mundo donde casi todo se hace de cualquier modo, aspirar a que las gentes hagan una cosa bien, leer? ¿Y para leer bien, leer menos libros? Terció, entonces, Ortega: Para entender lo que alguien quiso decir nos hace falta saber mucho más lo que quiso decir, y saber de su autor mucho más de lo que él mismo sabía.
Goytisolo, mirándonos pero sin vernos, soltó: La relectura e intervención del lector en la oferta creadora de un libro es el mejor medio que conozco de reactivar nuestra vida espiritual, empobrecida por la agresión continua de una modernidad incontrolada que, nuevo Leviatán, obstruye y oscurece el horizonte... Salinas, como queriendo concluir, musitó en voz baja: ¿Los mejores profesores de lectura? Los buenos libros. Ortega consiguió introducir: El libro es un decir fijado, algo que fue dicho. El auténtico decir es el que brota de una situación como reacción a ella. El decir fundamental es el diálogo o el multiloquio en que los interlocutores están presentes unos a otros, y todos sumergidos en una determinada situación física, moral, mental, en suma, vitales...
La calma en pleno Estrecho de Gibraltar, África observándonos, tronaba por doquier. Un perro desangelado a duras penas se erguía. El verde, retador, su presencia reivindicaba. Sólo el rizo de la mar daba crédito al movimiento. La impasible tarde se complacía con un rictus casi divino. Azul y blanco, blanquiazul; verde y violeta, verdivioleta… ¡La eternidad de irrepetible perfil! Se hizo un silencio no convenido. Todos callaban. Yo, porque no me atreví a seguir opinando, me dije para mis adentros: ¡Esto también es leer, qué leche!
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Juan Felipe Simón
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