Nueva religión, nuevo lenguaje
13.08.07 @ 08:00:00. Archivado en Política
Es época de sesteos, de orillas, de sombras, de susurros, de lecturas, por eso quiero referirles hoy, aunque muy bajito, algunas frases dichas recientemente por dos personas de palabras y de letras.
José Álvarez Junco es catedrático de Historia de la Complutense, Director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales y miembro del Consejo de Estado. A preguntas de la entrevistadora, el señor Álvarez responde en El Cultural del 12 de julio: “Entendemos por religión civil o cívica una transferencia de valores sagrados de lo estrictamente religioso, es decir, del mundo de ultratumba, seres espirituales invisibles que han creado el mundo, que rigen nuestras vidas, que nos mandan mensajes sagrados cargados de valores morales a los que debemos adecuar nuestra conducta, y si lo hacemos seremos premiados y si no, castigados. Eso se transfiera al mundo de lo político, a los colectivos, y en especial eso lo ha hecho la nación. Primero se transfirió a las Monarquías, pero lo perdieron con el advenimiento del mundo moderno; las religiones tradicionales también han perdido peso, sobre todo en Europa, con el proceso de secularización y, sin embargo, hay un valor que sustituye a las religiones, y es la nación. Y se han creado altares de la patria, símbolos sagrados, mártires de la patria, y se supone que es un valor al que no sólo debemos sacrificar nuestros intereses individuales, sino que por él debemos transgredir normas morales, por ejemplo, no matar. En ese sentido es una religión el nacionalismo”.
Y a continuación: “Las naciones cambian con bastante rapidez… Los científicos que estudian el nacionalismo con distancia llegan a la conclusión de que la creencia en la división de la humanidad en grupos eternos con rasgos étnicos, genéticos, políticos, psicológicos y culturales indelebles es un error. Eso no existe ni ha existido nunca.”
¿Qué, les suena? ¿Les permite oír bien el rumor de las olas o de las copas de los árboles? ¿Será verdad que hay gente destinada a reemplazar las religiones clásicas por otras creencias con sabor a etnia y olor a pólvora? ¿Las habrá, incluso en España, que mezclen peligrosamente las normas sociales y económicas con las religiosas? ¡Y por qué no, si hay gente pa to!
El 27 de julio Jonathan Freedland, columnista del diario The Guardian, en la Tribuna Libre de El Mundo, basándose en el libro The Political Brain, del psicólogo y psiquiatra Drew Westen, “uno de los estudios más importantes sobre las campañas políticas de los últimos tiempos”, trata de explicar a sus lectores: “Los electores quieren que sus líderes apelen a sus sentimientos, no sólo a la inteligencia… El cerebro político es un cerebro emocional. Los electores no se deciden sopesando las afirmaciones dispares de los partidos y luego decidiendo cuál de ellas favorece sus intereses, sino por lo que sienten…Las investigaciones han demostrado que las personas inteligentes son tan viscerales como cualesquiera otra.”
“El truco para los políticos consiste en asegurarse de activar asociaciones positivas y de relacionar a sus adversarios con las negativas”. “Westen ofrece pruebas de que las únicas personas que toman decisiones basándose exclusivamente en cálculos racionales sobre la utilidad de las alternativas son aquellas que han sufrido daños cerebrales”. Un poquito más: “Al parecer, en el fondo aún somos primates y queremos ver muestras de fuerza en el gorila que lidera el grupo”.
¿Qué les parece lo comentado por el señor Jonathan? ¡Si va a llevar razón esta criatura! Vean si no es igual a lo que leí hace tiempo en un periódico y recuerdo así:”Quien desee persuadir ha de confiarse no al argumento adecuado, sino a la palabra idónea. Siempre ha sido mayor el poder del sonido que el del sentido”. ¿No lo creen? Compruébenlo ustedes mismos ahora que se acercan elecciones. Pronto veremos cómo nos hablan nuestros "gorilas": si en plan Descartes o como nuestro secreto sueño de juventud.
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Juan Felipe Simón
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